14/01/07 HDFA: Cruzando los mares
El barco había salido hacía ya 2 días. Aquel trasatlántico viajaba desde la ciudad inglesa de Bournemouth y tenía como destino New York. En principio el viaje duraría 4 días. Pero finalmente, aquel barco nunca llegaría a su destino.
Corría el mes de febrero del año 2027. A pesar de los grandes avances en transporte en los años anteriores, cada vez había más gente que quería surcar el mar para llegar a su destino, número que había crecido de manera exponencial en los 5 años anteriores y las navieras se vieron obligadas a utilizar sus grandes cruceros, como el “Génesis III” o el “Freedom of the Seas IV”, para estos objetivos. Y aunque la mayoría de los viajeros lo hacían por placer, había gente que necesitaba llegar a la ciudad estadounidense; aunque por disponer del tiempo, o simplemente para estar menos tiempo en la ciudad inglesa, habían decidido ir en este barco.
El “Edward John Smith III” era el objeto móvil de mayor envergadura creado por el hombre. Más de 700.000 toneladas. 1 km² de superficie repartido en 42 pisos sobre el nivel del mar, y 8 pisos a los que el pasaje no tenía acceso. Cines, gimnasios, tiendas, varias piscinas, un enorme hospital, cientos de restaurantes diferentes además de un tremendo comedor principal, la cuarta mayor biblioteca del mundo… Y una capacidad para 50.000 personas entre pasaje y tripulación. Había incluso una especie de ‘autobús’ dentro del barco para mover a la gente entre las distintas plantas; además de tener ascensores de enorme capacidad.
En aquel viaje el barco iba hasta los topes. 48.151 pasajeros viajaban a bordo del barco; además de 1.623 tripulantes. De ellas se habían subido 10.582 en la ciudad polaca de Gdynia; que a pesar de ser el punto de partida real del barco, oficialmente el barco salía desde Bournemouth; aunque siempre salía desde Polonia; en una zona con una profundidad marina ridícula. A pesar de que en el barco no había clases, y de hecho los que partían desde Polonia pagaban evidentemente más precio por el billete, el resto del pasaje los ‘ninguneaba’.
Allí, en aquel barco, en el ala “Charles Dwight Sigsbee” de la planta 16, estaba Elizabeth Ramell. Elizabeth Ramell acababa de cumplir los 30 años, y quería huir de todo. Se había separado de su marido, un importante magnate de la prensa inglesa, 3 semanas antes. Pero el poder de su marido la había quitado el prestigio en el país, de modo que necesitaba huir rápidamente de aquel lugar, y tratar de vivir una vida al otro lado del mar, cruzar el océano y olvidar toda su vida hasta aquel momento.
El barco pasaba a 9 millas de la isla de Terranova en aquel momento. Entonces algo sucedió. Un meteorito enorme cayó justo sobre el barco, destruyendo junto con el barco toda forma de vida en la tierra. FIN.
Corría el mes de febrero del año 2027. A pesar de los grandes avances en transporte en los años anteriores, cada vez había más gente que quería surcar el mar para llegar a su destino, número que había crecido de manera exponencial en los 5 años anteriores y las navieras se vieron obligadas a utilizar sus grandes cruceros, como el “Génesis III” o el “Freedom of the Seas IV”, para estos objetivos. Y aunque la mayoría de los viajeros lo hacían por placer, había gente que necesitaba llegar a la ciudad estadounidense; aunque por disponer del tiempo, o simplemente para estar menos tiempo en la ciudad inglesa, habían decidido ir en este barco.
El “Edward John Smith III” era el objeto móvil de mayor envergadura creado por el hombre. Más de 700.000 toneladas. 1 km² de superficie repartido en 42 pisos sobre el nivel del mar, y 8 pisos a los que el pasaje no tenía acceso. Cines, gimnasios, tiendas, varias piscinas, un enorme hospital, cientos de restaurantes diferentes además de un tremendo comedor principal, la cuarta mayor biblioteca del mundo… Y una capacidad para 50.000 personas entre pasaje y tripulación. Había incluso una especie de ‘autobús’ dentro del barco para mover a la gente entre las distintas plantas; además de tener ascensores de enorme capacidad.
En aquel viaje el barco iba hasta los topes. 48.151 pasajeros viajaban a bordo del barco; además de 1.623 tripulantes. De ellas se habían subido 10.582 en la ciudad polaca de Gdynia; que a pesar de ser el punto de partida real del barco, oficialmente el barco salía desde Bournemouth; aunque siempre salía desde Polonia; en una zona con una profundidad marina ridícula. A pesar de que en el barco no había clases, y de hecho los que partían desde Polonia pagaban evidentemente más precio por el billete, el resto del pasaje los ‘ninguneaba’.
Allí, en aquel barco, en el ala “Charles Dwight Sigsbee” de la planta 16, estaba Elizabeth Ramell. Elizabeth Ramell acababa de cumplir los 30 años, y quería huir de todo. Se había separado de su marido, un importante magnate de la prensa inglesa, 3 semanas antes. Pero el poder de su marido la había quitado el prestigio en el país, de modo que necesitaba huir rápidamente de aquel lugar, y tratar de vivir una vida al otro lado del mar, cruzar el océano y olvidar toda su vida hasta aquel momento.
El barco pasaba a 9 millas de la isla de Terranova en aquel momento. Entonces algo sucedió. Un meteorito enorme cayó justo sobre el barco, destruyendo junto con el barco toda forma de vida en la tierra. FIN.
25/11/06 Historia de Final Abrupto: Siberia
Juan había vivido siempre en el pueblecito palenciano de Campobueno donde sus padres, sus abuelos y toda su familia habían vivido por siempre. Sin embargo, era un apasionado de los idiomas, por lo que con gran frecuencia se movía a Palencia para aprender a hablar en inglés, en alemán, en ruso, en griego… Y también aprendió varios idiomas artificiales como el Esperanto o el Interlingua. Él siempre había trabajado en una empresa de galletas de su pueblo, hasta que a principios de 2007 un enorme escándalo relacionado con la especulación inmobiliaria hizo que las 3 fabricas de galletas de la villa se hundiesen, y con ello cientos de puestos de trabajo, entre ellos el de Juan. Pero dada su basta capacidad idiomática, no creía que le fuese a ser muy complicado encontrar trabajo, aunque tuviese que atravesar las fronteras españolas.
Y finalmente consiguió el trabajo que buscaba. Un antiguo amigo suyo le consiguió trabajo en la ciudad de Barnaul, un lugar perdido en Siberia que había superado de lejos el millón de habitantes gracias a la llegada del tren, y mucho más aún tras la ampliación de diciembre del 2006 que le había dado a aquella ciudad una gran importancia, y esto había generado una gran demanda de personas para cubrir un sector servicios cada vez más escaso.
El trabajo de Juan sería sencillo, y muy bien remunerado. Trabajaría en la estación de tren en la sección de información, atendiendo al cada vez más creciente numero de pasajeros internacionales que paseaban por aquella estación.
Y allí se fue, a Siberia. Necesitaba huir de aquella región en la siempre se había sentido aprisionado. Sus padres habían muerto 3 años atrás y aunque en aquel pueblo estaban sus raíces, ya no le quedaba nadie allí.
* * *
Eran las 9 de la mañana. El calendario marcaba el día 1 de agosto del año 2008, en la ciudad rusa de Barnaul. Aquella mañana Juan estaba de mal humor, a pesar de que era su día libre. Juan en realidad siempre estaba de mal humor desde que se había trasladado de la vida del pueblo a la de una gran ciudad, que por muy siberiana que fuese, seguía siendo una ciudad enorme. Aunque lo que no sabía es que en menos de dos horas su vida cambiaría por completo para siempre.
Juan caminaba por la calle con los auriculares puestos escuchando música de su I-Pod micronano. El sol, que prácticamente no había desaparecido en toda la noche, no era suficiente para calentar aquella fría, aquella gélida ciudad. Como por extraña rutina, aunque 3 horas más tarde de lo habitual, se dirigió a la estación, donde estaba la único cafetería que conocía en toda la ciudad, y como bromeaba con un amigo español que trabajaba en la misma, la única de toda Siberia.
Observó por el camino que algunas personas miraban al Sol con diversos filtros, y recordó algo de que ese día habría un eclipse, pero no le importaba demasiado la astronomía. Era algo de lo que pasaba por completo, su vida ya tenía suficiente ajetreo como para pararse a mirar el cielo.
Tomó rápidamente el café en la cafetería de la estación, y salió a la calle para ir a comprar, ya que todavía no tenía nada para comer. El reloj marcaba en aquel momento las 10.30. Entró en la tienda y enseguida se compró comida precocinada para alimentarse a base de mal durante 2 semanas más. Tras pagar salió, eran las once menos veinte y notaba un frío aún superior al habitual que atravesaba su abrigo, y el cielo ya había oscurecido más de lo que lo había hecho en toda la noche. Caminó hacía su casa, que quedaba a 10 minutos de allí, dejando el Sol a su espalda. Entonces, de pronto, el día se hizo de noche, la oscuridad se apoderó de todo. Las luces de la ciudad no se encendieron. Juan giró la cabeza, a donde se suponía que debía estar el Sol, y entonces vio el eclipse. El resplandor observable a simple vista le fascinó, momento que un ladrón aprovechó para robarle las bolsas del supermercado. Bueno, y para pegarle 3 tiros, aunque esto fue un extra sin motivo aparente que le dio muerte a Juan y el fin a nuestra historia.
FIN.
Y finalmente consiguió el trabajo que buscaba. Un antiguo amigo suyo le consiguió trabajo en la ciudad de Barnaul, un lugar perdido en Siberia que había superado de lejos el millón de habitantes gracias a la llegada del tren, y mucho más aún tras la ampliación de diciembre del 2006 que le había dado a aquella ciudad una gran importancia, y esto había generado una gran demanda de personas para cubrir un sector servicios cada vez más escaso.
El trabajo de Juan sería sencillo, y muy bien remunerado. Trabajaría en la estación de tren en la sección de información, atendiendo al cada vez más creciente numero de pasajeros internacionales que paseaban por aquella estación.
Y allí se fue, a Siberia. Necesitaba huir de aquella región en la siempre se había sentido aprisionado. Sus padres habían muerto 3 años atrás y aunque en aquel pueblo estaban sus raíces, ya no le quedaba nadie allí.
* * *
Eran las 9 de la mañana. El calendario marcaba el día 1 de agosto del año 2008, en la ciudad rusa de Barnaul. Aquella mañana Juan estaba de mal humor, a pesar de que era su día libre. Juan en realidad siempre estaba de mal humor desde que se había trasladado de la vida del pueblo a la de una gran ciudad, que por muy siberiana que fuese, seguía siendo una ciudad enorme. Aunque lo que no sabía es que en menos de dos horas su vida cambiaría por completo para siempre.
Juan caminaba por la calle con los auriculares puestos escuchando música de su I-Pod micronano. El sol, que prácticamente no había desaparecido en toda la noche, no era suficiente para calentar aquella fría, aquella gélida ciudad. Como por extraña rutina, aunque 3 horas más tarde de lo habitual, se dirigió a la estación, donde estaba la único cafetería que conocía en toda la ciudad, y como bromeaba con un amigo español que trabajaba en la misma, la única de toda Siberia.
Observó por el camino que algunas personas miraban al Sol con diversos filtros, y recordó algo de que ese día habría un eclipse, pero no le importaba demasiado la astronomía. Era algo de lo que pasaba por completo, su vida ya tenía suficiente ajetreo como para pararse a mirar el cielo.
Tomó rápidamente el café en la cafetería de la estación, y salió a la calle para ir a comprar, ya que todavía no tenía nada para comer. El reloj marcaba en aquel momento las 10.30. Entró en la tienda y enseguida se compró comida precocinada para alimentarse a base de mal durante 2 semanas más. Tras pagar salió, eran las once menos veinte y notaba un frío aún superior al habitual que atravesaba su abrigo, y el cielo ya había oscurecido más de lo que lo había hecho en toda la noche. Caminó hacía su casa, que quedaba a 10 minutos de allí, dejando el Sol a su espalda. Entonces, de pronto, el día se hizo de noche, la oscuridad se apoderó de todo. Las luces de la ciudad no se encendieron. Juan giró la cabeza, a donde se suponía que debía estar el Sol, y entonces vio el eclipse. El resplandor observable a simple vista le fascinó, momento que un ladrón aprovechó para robarle las bolsas del supermercado. Bueno, y para pegarle 3 tiros, aunque esto fue un extra sin motivo aparente que le dio muerte a Juan y el fin a nuestra historia.
FIN.
« página anterior
(Página 2 de 2, en total 9 entradas)
página siguiente »




