26/10/07 Aventuras al otro lado de la península - Día 2
Día 2. Aventuras y desventuras por las comisarias y los cuartelillos
La luz del sol demostró que ya era la hora de levantarse, y tras ignorarla un buen rato, llegó la hora, y nos levantamos. Entonces tras un periodo de concienciación de que era la hora de levantarse, me asee y me dispuse a apantalonarme. Y tras enfundarme satisfactoriamente en aquellos pantalones, llegó la hora de prepararse, coger los móviles (si, teléfonos móviles… es una larga historia…) y la cartera… Y la cartera… Pero no, no había cartera. Ni en el sofá… Ni cerca de la cama… Y en la cafetera con ruedas tampoco estaba… La estancia en Cataluña ya comenzaba a no ser tan divertida, sin el dinero ni la documentación. Y además, al día siguiente yo tenía que coger un avión, un avión para el que necesitaba el DNI… Las cosas no pintaban nada bien para ese gallego en tierra hostil. Además, comenzaron a llover elefantes, en un inusual fenómeno que al parecer por aquella zona es más común que por aquí…
Y cuando terminó la lluvia, nos dividimos en dos grupos nuevos. Señor A y Señora C irían en la cafeteramóvil hasta un supermercado a comprar los alimentos que luego ingerirían varias personas más. Señor B y yo fuimos en una furgoneta hasta un pueblo cercano cuyo nombre no desvelaré, dónde tras una dura busqueda localizamos un BBVA en el cual traté de entrar para mi tarjeta anular. Pero el empleado del BBVA no parecía estar por la labor de hacerme ni puto caso, y de hecho me apuntó con un arma y me dijo: “Salga ahora mismo de mi banco, malvada persona”, tras, eso sí, indicarme un teléfono dónde me podrían anular la tarjeta. Algo contradictorio, hacerme llamar por teléfono, teniendo la oficina allí mismo, pero bueno, ellos sabrán lo que hacer. Al fin y al cabo, son los sabios señores del BBVA ¿no?... Y así, tras una rápida llamada la tarjeta fue anulada. Por supuesto, rápida llamada por que sólo me tuvieron esperando hasta que las farolas pensaban en quitarse la vida; un intento anterior de llamada al aeropuerto para saber si alguien había dejado allí… algo… implicó una tardanza en la atención superior al tiempo necesario para llevar a buen puerto un embarazo. Y por supuesto, no me cogieron allí.
Un señor policía municipal nos indicó que la denuncia la debíamos poner en un puesto guardiacivilesco de un pueblo cercano. Y allí que fuimos, a poner una denuncia por hurto de documentos, para ver si con un poco de suerte, en el día 3, eso servía para subir al avión… Paramos en un aparcamiento allí en frente, y Señor B y yo nos dirigimos hacia allí. Y tras una ventana de dos critales, con uno abierto, un guardia civil estaba ocupado haciendo tiempo, y al percatarse de nuestra presencia, quizá para hacerse el interesante, nos pidió que esperasemos. Mentalmente contó hasta 5000000000 y ya nos preguntó que cual era el motivo de que osasemos interrumpir sus reflexiones…
- Buenos días, resulta que me han robado la cartera en el aeropuerto y querría poner la denunc…
- Bueno, pero es que ahora no podemos atenderle, estamos con un detenido y estamos muy ocupados, vamos a tardar mucho… Mejor sería que volviesen por la tarde, a eso de las 16.00
- ¿Pero más o menos cuanto tardarán?
- Más de una hora… Si quieren esperar… Pero yo por eso les dije lo de vernir por la tarde…
- Vale, muchas gracias. Hasta adios
- Adios
-Ciao
-Dew
-Hasta luego
-Deica
-Agur
-Bye
-Sayonara
Y tras despedirnos las miles de personas que habíamos ido del guardía, Señor B y yo subimos a la furgoneta y fuimos, por si acaso, hasta la policia local del municipio, tras que una patrulla nos dijera uqe podíamos poner allí la denuncia. Y tras aparcar en un sitio, dar una vuelta tremenda a pata para llegar a la comisaria durante la cual hasta nos cruzamos con el cafeteramovil en el que iban Señor A y Señora C, recibir una negativa por parte de los municipales que decían que sólo podían aceptar denuncias de algo sucedido en el municipio, y descubrir que para llegar a dónde habíamos aparcado había un camino considerablemente más corto que el que habíamos hecho, fuimos hasta la masia dónde me reuniría con el resto del alfabeto.
Pero dado que esta historia es sólo de las aventuras, y a pesar de la perjudicial paella de Señor A, y las avispas tocapelotas mientras comíamos, aquí hacemos una omisión temporal y nos vamos hasta las 16.30 de la tarde, momento en que Señor B y yo partimos nuevamente hacia el puesto de la guardia civil. Llegamos, entramos… Y Señor B le comentó al guardia civil que veníamos a poner una denuncia… Y yo seguí explicando que era sobre un robo de documentación en el aeropuerto…
- Pero ahora va a ser complicado atenderle – dijo el guardia civil tras la misma ventana de antes – dado que estamos con un detenido y esto puede tardar…
- Pero a la mañana nos dijeron que volviesemos ahora – intervino el señor B
- Bueno – dijo el guardia civil – pero es que estamos muy ocupados… Además no se si alguien podrá atenderle por que depende de cómo haya sido el robo…
- Ya… - Intervine yo – Pero necesito presentar la denuncia por que tengo que coger el vuelo de vuelta a Vigo mañana
- ¿Vigo? – Al guardia civil se le cambió el rostro, dibujándosele una sonrisa - ¿Eres de Vigo?
- Sí… - Contesté yo
- ¿De que parte?
- Al lado del corte inglés.
- Ah! Pues yo soy de Caldas de Reis! ¿Sabes dónde está, no?
- Claro
- Je, que raro, otro galleguiño por aquí… No te preocupes que ahora arreglamos eso, ya te hago yo la denuncia.
Y a los 5 minutos, salía yo de allí con la denuncia puesta, tras descubrir que allí había al menos otra guardia civil también gallega a la que no ví, pero según lo que oí que entró a decir el agente, y tras que Señor B se asustara al descubrir que los gallegos somos una secta, estamos por todas partes, y nos facilitamos las cosas. Como tiene que ser, hostia ya.
Y volvimos hacia la masia, dónde hubo escenas de tortura a hormigas voladoras, matanza, masacre, exterminio… Muchas letras del abecedario allí reunidas (que conste que mañana ya no hay abecedario ¿eh? Mañana nombres reales y fiesta xDDDD), que fueron yendose a dormir poco a poco, tras hablar largo tiempo, interurmpir lecturas, alimentos belgas, y no belgas también, comida a la brasa, y un sin fin de cosas, que no forman parte de las aventuras catalanas…
Hasta que llegó el terremoto en la masia.
Noche entre el 2 y el 3: ¡¡¡Terremoto!!!
Hacía unos minutos que Señor A y yo nos habíamos ido a dormir. En la cama de al lado estaba el durmiendo, pero muy pronto comenzaron a pasar cosas terribles. Un enorme terremoto, que misteriosamente coincidía con los ritmos de la respiración de Ernes… de señor A, hacía que el yeso del techo comenzase a caer el forma de polvillo. Las ventanas se abrían y se cerraban, los cristales se quebraban, y prácticamente todo el mundo acudió a abrazarse a las puertas, por si se desplomaba todo aquello. El centro sísmico nacional tenía a las agujas desvocadas, parecía el fin del planeta… Había quien creía que había estallado Yellownstone al otro lado del mundo y que eran esas sacudidas que se notaban… Pero no, era el cabrón de Señor A roncando a lo salvaje. No podía dormir en silencio como la otra noche, no, el muy cabrón a roncar por 30.
Cuando la cosa se calmó, yo me dormí. Me dormí, sin imaginarme que a la mañana siguiente me levantaría para mear, y que ya no podría volver a quedarme dormido, el problema seguiría allí. Roncando y atronando… Pero eso forma parte del capítulo 3, mañana, misma hora, mismo lugar.
La luz del sol demostró que ya era la hora de levantarse, y tras ignorarla un buen rato, llegó la hora, y nos levantamos. Entonces tras un periodo de concienciación de que era la hora de levantarse, me asee y me dispuse a apantalonarme. Y tras enfundarme satisfactoriamente en aquellos pantalones, llegó la hora de prepararse, coger los móviles (si, teléfonos móviles… es una larga historia…) y la cartera… Y la cartera… Pero no, no había cartera. Ni en el sofá… Ni cerca de la cama… Y en la cafetera con ruedas tampoco estaba… La estancia en Cataluña ya comenzaba a no ser tan divertida, sin el dinero ni la documentación. Y además, al día siguiente yo tenía que coger un avión, un avión para el que necesitaba el DNI… Las cosas no pintaban nada bien para ese gallego en tierra hostil. Además, comenzaron a llover elefantes, en un inusual fenómeno que al parecer por aquella zona es más común que por aquí…
Y cuando terminó la lluvia, nos dividimos en dos grupos nuevos. Señor A y Señora C irían en la cafeteramóvil hasta un supermercado a comprar los alimentos que luego ingerirían varias personas más. Señor B y yo fuimos en una furgoneta hasta un pueblo cercano cuyo nombre no desvelaré, dónde tras una dura busqueda localizamos un BBVA en el cual traté de entrar para mi tarjeta anular. Pero el empleado del BBVA no parecía estar por la labor de hacerme ni puto caso, y de hecho me apuntó con un arma y me dijo: “Salga ahora mismo de mi banco, malvada persona”, tras, eso sí, indicarme un teléfono dónde me podrían anular la tarjeta. Algo contradictorio, hacerme llamar por teléfono, teniendo la oficina allí mismo, pero bueno, ellos sabrán lo que hacer. Al fin y al cabo, son los sabios señores del BBVA ¿no?... Y así, tras una rápida llamada la tarjeta fue anulada. Por supuesto, rápida llamada por que sólo me tuvieron esperando hasta que las farolas pensaban en quitarse la vida; un intento anterior de llamada al aeropuerto para saber si alguien había dejado allí… algo… implicó una tardanza en la atención superior al tiempo necesario para llevar a buen puerto un embarazo. Y por supuesto, no me cogieron allí.
Un señor policía municipal nos indicó que la denuncia la debíamos poner en un puesto guardiacivilesco de un pueblo cercano. Y allí que fuimos, a poner una denuncia por hurto de documentos, para ver si con un poco de suerte, en el día 3, eso servía para subir al avión… Paramos en un aparcamiento allí en frente, y Señor B y yo nos dirigimos hacia allí. Y tras una ventana de dos critales, con uno abierto, un guardia civil estaba ocupado haciendo tiempo, y al percatarse de nuestra presencia, quizá para hacerse el interesante, nos pidió que esperasemos. Mentalmente contó hasta 5000000000 y ya nos preguntó que cual era el motivo de que osasemos interrumpir sus reflexiones…
- Buenos días, resulta que me han robado la cartera en el aeropuerto y querría poner la denunc…
- Bueno, pero es que ahora no podemos atenderle, estamos con un detenido y estamos muy ocupados, vamos a tardar mucho… Mejor sería que volviesen por la tarde, a eso de las 16.00
- ¿Pero más o menos cuanto tardarán?
- Más de una hora… Si quieren esperar… Pero yo por eso les dije lo de vernir por la tarde…
- Vale, muchas gracias. Hasta adios
- Adios
-Ciao
-Dew
-Hasta luego
-Deica
-Agur
-Bye
-Sayonara
Y tras despedirnos las miles de personas que habíamos ido del guardía, Señor B y yo subimos a la furgoneta y fuimos, por si acaso, hasta la policia local del municipio, tras que una patrulla nos dijera uqe podíamos poner allí la denuncia. Y tras aparcar en un sitio, dar una vuelta tremenda a pata para llegar a la comisaria durante la cual hasta nos cruzamos con el cafeteramovil en el que iban Señor A y Señora C, recibir una negativa por parte de los municipales que decían que sólo podían aceptar denuncias de algo sucedido en el municipio, y descubrir que para llegar a dónde habíamos aparcado había un camino considerablemente más corto que el que habíamos hecho, fuimos hasta la masia dónde me reuniría con el resto del alfabeto.
Pero dado que esta historia es sólo de las aventuras, y a pesar de la perjudicial paella de Señor A, y las avispas tocapelotas mientras comíamos, aquí hacemos una omisión temporal y nos vamos hasta las 16.30 de la tarde, momento en que Señor B y yo partimos nuevamente hacia el puesto de la guardia civil. Llegamos, entramos… Y Señor B le comentó al guardia civil que veníamos a poner una denuncia… Y yo seguí explicando que era sobre un robo de documentación en el aeropuerto…
- Pero ahora va a ser complicado atenderle – dijo el guardia civil tras la misma ventana de antes – dado que estamos con un detenido y esto puede tardar…
- Pero a la mañana nos dijeron que volviesemos ahora – intervino el señor B
- Bueno – dijo el guardia civil – pero es que estamos muy ocupados… Además no se si alguien podrá atenderle por que depende de cómo haya sido el robo…
- Ya… - Intervine yo – Pero necesito presentar la denuncia por que tengo que coger el vuelo de vuelta a Vigo mañana
- ¿Vigo? – Al guardia civil se le cambió el rostro, dibujándosele una sonrisa - ¿Eres de Vigo?
- Sí… - Contesté yo
- ¿De que parte?
- Al lado del corte inglés.
- Ah! Pues yo soy de Caldas de Reis! ¿Sabes dónde está, no?
- Claro
- Je, que raro, otro galleguiño por aquí… No te preocupes que ahora arreglamos eso, ya te hago yo la denuncia.
Y a los 5 minutos, salía yo de allí con la denuncia puesta, tras descubrir que allí había al menos otra guardia civil también gallega a la que no ví, pero según lo que oí que entró a decir el agente, y tras que Señor B se asustara al descubrir que los gallegos somos una secta, estamos por todas partes, y nos facilitamos las cosas. Como tiene que ser, hostia ya.
Y volvimos hacia la masia, dónde hubo escenas de tortura a hormigas voladoras, matanza, masacre, exterminio… Muchas letras del abecedario allí reunidas (que conste que mañana ya no hay abecedario ¿eh? Mañana nombres reales y fiesta xDDDD), que fueron yendose a dormir poco a poco, tras hablar largo tiempo, interurmpir lecturas, alimentos belgas, y no belgas también, comida a la brasa, y un sin fin de cosas, que no forman parte de las aventuras catalanas…
Hasta que llegó el terremoto en la masia.
Noche entre el 2 y el 3: ¡¡¡Terremoto!!!
Hacía unos minutos que Señor A y yo nos habíamos ido a dormir. En la cama de al lado estaba el durmiendo, pero muy pronto comenzaron a pasar cosas terribles. Un enorme terremoto, que misteriosamente coincidía con los ritmos de la respiración de Ernes… de señor A, hacía que el yeso del techo comenzase a caer el forma de polvillo. Las ventanas se abrían y se cerraban, los cristales se quebraban, y prácticamente todo el mundo acudió a abrazarse a las puertas, por si se desplomaba todo aquello. El centro sísmico nacional tenía a las agujas desvocadas, parecía el fin del planeta… Había quien creía que había estallado Yellownstone al otro lado del mundo y que eran esas sacudidas que se notaban… Pero no, era el cabrón de Señor A roncando a lo salvaje. No podía dormir en silencio como la otra noche, no, el muy cabrón a roncar por 30.
Cuando la cosa se calmó, yo me dormí. Me dormí, sin imaginarme que a la mañana siguiente me levantaría para mear, y que ya no podría volver a quedarme dormido, el problema seguiría allí. Roncando y atronando… Pero eso forma parte del capítulo 3, mañana, misma hora, mismo lugar.
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