En esta ocasión, la Critica de Cine De Pelis Que Ni He Visto se centra en la última película de Hannibal; una precuela de las anteriores que narra como Hannibal llegó a ser Hannibal.
Todo comenzó una fría mañana de invierno, en la que un adorable chaval interpretado por Gaspar Ulliel (o Gapar Uliel si vienes por Google) estaba sentado en el sillón de su casa viendo la película VIVEN. Cómo de aquella lo que influenciaba terriblemente a la juventud era la televisión y no los videojuegos, el chaval, terriblemente influenciado, cogió un tenedor y atacó a su madre con él; para ver que tal sabía la carne humana que estaban comiendo en la televisión. Y le cogió gustillo al asunto de comer carne humana…
Entonces, viendo que eso del canibalismo estaba mal visto, decidió buscar una situación en la que estuviese bien visto, de modo que se subió en un avión con la esperanza de que se estrellase en los Andes. Y en medio del vuelo parecía que su sueño se iba a cumplir; una de las turbinas del avión trituró a un parapentista llamado Tom Cruise que por algún extraño motivo estaba volando a tan tremenda altitud; pero el avión tenía 4 motores y consiguió tomar tierra con los motores restantes. Aún así, Hannibal obtuvo permiso para limpiar el rotor de la nave de carne humana; y se alimentó así del parapentista triturado.
El comer a Tom Cruise hizo que le entrase más ansia de comer carne humana; de modo que entró en un hospital, en la sección de maternidad, a ver si podía llevarse 3 o 4 bebés para comer; pero por algún motivo a los de seguridad no les hizo mucha gracia la idea y lo detuvieron.
Acababan de sonar las campanadas de media noche; y en el calabozo Hannibal pidió que le diesen un trozo de pan para comer. Los policías, incultos, no sabían que a un Hannibal no se le puede dar de comer después de media noche, y tras comer ese trozo de pan, Hannibal destrozó los barrotes del calabozo y se comió a media comisaría. Además, decide mojarse y de él salen unas bolas peludas de las que resurgen nuevos Hannibales aún más salvajes que se ponen a devorar a toda la ciudad. Finalmente, tras una terrible noche, el Sol ilumina la ciudad y todos los Hannibales se van destruyendo, salvo el original, que es detenido con los restos de la abuela de Caperucita todavía entre los dientes.
Acaba ingresado en prisión; dónde se transformaría en Anthony Hopkins (Anzoni Opquins para los que vienen por Google) y varios años después una agente del FBI acudiría a pedirle ayuda; pero eso ya es otra historia.