27/10/07 Aventuras al otro lado de la península - Día 3
A partir de este momento, los pseudónimos secretos desaparecen, por vagancia sobre todo.
Día 3. Los cercanías catalanes, el viaje de vuelta y la maleta explosiva
Al levantarme por petición expresa de mi vejiga, el terremoto seguía. Y dado que no conseguí volver a dormir, decidí bajar al piso inferior, dónde Sira estaba leyendo un libro y David iba por su nonagésimo café de la mañana, para tratar de despertarse. Más seguía sin conseguirlo. Al poco rato, o al mucho rato, ya estábamos todos despiertos nuevamente, y lentamente y con cuentagotas la gente se fue marchando, hasta que volvimos a quedar Ernest, Alex, Patri y yo (Los tres primeros, anteriormente conocidos como Señor A, Señor B y Señora C), y tras alimentarnos (yo también conciné alimentos con AntiXilxe, pero esa es otra historia) se fue acercando la hora de llevar a cabo lo que implicaría mi conocimiento de los cercanías catalanes. Y es que el plan era ir en cercanías hasta Barcelona Sants, y que allí Isa me recogiese y me llevase hasta El Prat… Pero claro, un tunel no tenía las mismas ganas y decidió venirse abajo, trastocando los CartPlanes. Más eso yo no lo sabía…
Así, Ernest, Alex y Patri me acercaron hasta la estación de Calafell, que estaba cerrada y por tanto en ella no se podía pillar billete, y tras un rato de espera, me subí en ese maravilloso tren de dos plantas, en el piso superior, tal y como debe ser, y comencé a viajar. Y al subirme al tren llamé a Isa para avisarla de que fuese hacia Sants que ya había partido. Y me puse a esperar a que pasase un revisor vendebilletes, pero no daba pasado. Gran parte del trayecto fue al lado de ese mar verde y caliente del que presumen. Yo no presumiría de que mi mar fuese verde y caliente, pero bueno, ellos sabrán…
Mi móvil comenzó a sonar, mientras estaba en el tren, era Isa que me comunicaba que la linea no iba a llegar hasta el final… Y que me enterase de hasta dónde llegaría. Pero me fue un poco imposible encontrar a un revisor, y finalmente el cacharro se detuvo en Gavá, dónde había un autobús que me podría llevar hasta Barcelona-Sants… Pero Isa me dijo que no lo cogiera, que me quedase en Gavá, y eso hice, lo que me supuso ahorrarme el billete. En conclusión, mi experiencia con los cercanías catalanes es positiva, teniendo en cuenta su gratuito precio...
Y tras esperar allí una cantidad de tiempo considerable (a tener en cuenta que se celebraron unas 14 olimpiadas mientras esperaba) apareció finalmente Isa en un vehículo repleto de gente, con el cual llegué hasta el aeropuerto, y tras aparcar alegremente… Comenzó el terror para conseguir el billete.
En la fila de gente que iba a Vigo, para coger la tarjeta de embarque, estaba yo allí, inquieto… Oliéndome lo que iba a pasar… La cola abanzaba a una velocidad leeeenta… A tener en cuenta que avancé un puesto cuando una persona de la fila murió de vieja. Y eso que esa persona en concreto había nacido en esa misma fila...
El caso es que cuando por fin hablo con la mujer que había al otro lado de la maquina expendedor de billetes de embarque, le digo:
- Buenas… Verá, es que tenía la reserva, pero me robaron la cartera en el aeropuerto, de modo que no tengo DNI…
- Pues sin DNI se va a QUEDAR EN TIERRA. Y SE VA A JODER.
Acto seguido llegaron cuatro agentes que me llevaron al calabozo, dónde pasé los 15 años siguientes, antes de que el juez decidiera finalmente condenarme a muerte por tratar de subirme a un vuelo sin llevar encima la documentación.
Vale, en realidad no pasó eso. La mujer sencillamente cogió la denuncia, me dio el billete de embarque, y me dijo: “Pues ya es mala suerte”; sin ninguna complicación… Pero tenía que darle a todo esto un aire más mágico, dado que si no era aburrido xDDDD
Acto seguido fuimos hasta la ventanilla de Información, para preguntar dónde estaba el lugar de objetos perdidos, por si por casualidad alguien había entregado mi cartera… El hombre de la ventanilla, al que se le notaba el amor hacia el trabajo y las ganas de trabajar, tras hacerse el loco, nos indicó el lugar…
Este trozo es aburrido. Sólo indicar que no hubo éxito en la busqueda de cartera. Y ya hacemos omisión temporal hasta que Cart entra a la zona para subirse a los aviones…
Y nuevamente, una enorme cola para pasar por una puerta detectora de metales, y nuevamente lo de dejar objetos personales en una bandeja y todo eso, esta vez también las llaves, ya para evitar la escenita de los agentes descolgandose del techo. Y tras esperar, esperar, esperar, esperar, esperar, esperar… Seguí esperando un rato más, mientras la cola avanzaba muy lentamente. Y después de esperar un rato más, esperé un ratito más y ya fue mi turno. Dejé, como ya comenté, mis objetos en una bandeja, y pasé. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Y en efecto, pitó. Y es que los detectores del aeropuerto de Barcelona son tan quisquillosos que obligan a descalzarse, a mi y a todo el mundo. A notar ese frío, frío suelo. Quizá sea por aquello de las armas químicas, que indudablemente mis tenis podrían entrar en esa categoría… Pero me dejaron seguir con ellos, tras firmar una declaración jurada de que no me descalzaría en el avión.
Y así, llegué a un enorme centro comercial surgido de la nada. Quién me iba a decir a mí que allí iba a haber un centro comercial… Pero lo había. Pero no había tiempo. Comenzó la búsqueda de la Puerta 29. Y siguió la busqueda… Y continuó… Y siguió siguiendo… Y continuó continuando… Rampas mecánicas superlentas que no llevaban a ninguna parte, salvo al mismo sitio al que irías andando normalmente, sólo que más despacio… Y al final, bajando unas escaleras, llegué a la puerta 29, que era un “garaje” dónde vino un bus que nos recogió, en el que fui mucho menos apretado que en el otro, hasta llegar finalmente al avión. Subimos todos, y tal felices… ¿Felices? ¡Ja! Algo tenía que pasar para redondear la faena…
Y era el avión, que no comenzaba a moverse. De pronto llegaron 20956 coches patrulla a rodear el avión, entraron con sumo cuidado en la parte de abajo, y comenzaron a disparar al equipaje de la gente. En ese momento me alegré de no llevar equipaje, salvo el de mano… Tras esto, el avión comenzó a moverse, llegamos a la zona de despegue, y finamente despegamos. Las azafatas, antes de despegar, volvieron a hacer la misma chorrada de antes… Pero bueno, ahroa ya no les hice caso.
Rato después, el piloto nos avisó que el retraso se debía a que había una maleta facturada, pero el dueño de la misma no se había subido, de modo que por seguridad y ese tipo de cosas tuvieron que destruir absolutamente todo el equipaje del avión, para no equivocarse con la maleta mala.
Por la ventana, pude ver a Barcelona bajo las nubes… Luego fuimos viendo diversas ciudades, que el piloto nos decía cuales eran… E incluso se veía Madrid, allí, en la lejanía, como un tenue brillo. Y si en el viaje de ida estaba todo despejado, salvo por que al llegar a Barcelona una brutal capa de nubes todo lo cubría, hacía Vigo vimos sobre Barcelona unas poquitas nubes, y una vez en Vigo todo despejado… ¿Todo? ¡No! Una brutal y espesa capa de niebla se había concentrado en la pista de aterrizaje del aeropuerto. Toda la niebla del universo se congregaba en la pista de aterrizaje de Peinador… Y el avión, tras aterrizar satisfactoriamente, se fue acercando hasta un túnel de embarque (desembarque en este caso) que se conectaría con la puerta… Por una vez, no tendría que pisar la puerta de embarque. Y por megafonía, una voz en perfecto castellano, inglés y… ¡gallego! nos dijo lo de que comprobásemos que llevábamos todo encima. Al llegar allí la voz había sido en castellano e inglés, y aquí también en nuestro idioma autonómico. Para que se jodan los polacos esos. HOSTIA YA.
Con cariño, por supuesto, para todos los habitantes del otro lado de la península, en especial para esa panda de locos que tuvieron a bien pagarme el viaje y soportarme en aquella masia grandota.
Día 3. Los cercanías catalanes, el viaje de vuelta y la maleta explosiva
Al levantarme por petición expresa de mi vejiga, el terremoto seguía. Y dado que no conseguí volver a dormir, decidí bajar al piso inferior, dónde Sira estaba leyendo un libro y David iba por su nonagésimo café de la mañana, para tratar de despertarse. Más seguía sin conseguirlo. Al poco rato, o al mucho rato, ya estábamos todos despiertos nuevamente, y lentamente y con cuentagotas la gente se fue marchando, hasta que volvimos a quedar Ernest, Alex, Patri y yo (Los tres primeros, anteriormente conocidos como Señor A, Señor B y Señora C), y tras alimentarnos (yo también conciné alimentos con AntiXilxe, pero esa es otra historia) se fue acercando la hora de llevar a cabo lo que implicaría mi conocimiento de los cercanías catalanes. Y es que el plan era ir en cercanías hasta Barcelona Sants, y que allí Isa me recogiese y me llevase hasta El Prat… Pero claro, un tunel no tenía las mismas ganas y decidió venirse abajo, trastocando los CartPlanes. Más eso yo no lo sabía…
Así, Ernest, Alex y Patri me acercaron hasta la estación de Calafell, que estaba cerrada y por tanto en ella no se podía pillar billete, y tras un rato de espera, me subí en ese maravilloso tren de dos plantas, en el piso superior, tal y como debe ser, y comencé a viajar. Y al subirme al tren llamé a Isa para avisarla de que fuese hacia Sants que ya había partido. Y me puse a esperar a que pasase un revisor vendebilletes, pero no daba pasado. Gran parte del trayecto fue al lado de ese mar verde y caliente del que presumen. Yo no presumiría de que mi mar fuese verde y caliente, pero bueno, ellos sabrán…
Mi móvil comenzó a sonar, mientras estaba en el tren, era Isa que me comunicaba que la linea no iba a llegar hasta el final… Y que me enterase de hasta dónde llegaría. Pero me fue un poco imposible encontrar a un revisor, y finalmente el cacharro se detuvo en Gavá, dónde había un autobús que me podría llevar hasta Barcelona-Sants… Pero Isa me dijo que no lo cogiera, que me quedase en Gavá, y eso hice, lo que me supuso ahorrarme el billete. En conclusión, mi experiencia con los cercanías catalanes es positiva, teniendo en cuenta su gratuito precio...
Y tras esperar allí una cantidad de tiempo considerable (a tener en cuenta que se celebraron unas 14 olimpiadas mientras esperaba) apareció finalmente Isa en un vehículo repleto de gente, con el cual llegué hasta el aeropuerto, y tras aparcar alegremente… Comenzó el terror para conseguir el billete.
En la fila de gente que iba a Vigo, para coger la tarjeta de embarque, estaba yo allí, inquieto… Oliéndome lo que iba a pasar… La cola abanzaba a una velocidad leeeenta… A tener en cuenta que avancé un puesto cuando una persona de la fila murió de vieja. Y eso que esa persona en concreto había nacido en esa misma fila...
El caso es que cuando por fin hablo con la mujer que había al otro lado de la maquina expendedor de billetes de embarque, le digo:
- Buenas… Verá, es que tenía la reserva, pero me robaron la cartera en el aeropuerto, de modo que no tengo DNI…
- Pues sin DNI se va a QUEDAR EN TIERRA. Y SE VA A JODER.
Acto seguido llegaron cuatro agentes que me llevaron al calabozo, dónde pasé los 15 años siguientes, antes de que el juez decidiera finalmente condenarme a muerte por tratar de subirme a un vuelo sin llevar encima la documentación.
Vale, en realidad no pasó eso. La mujer sencillamente cogió la denuncia, me dio el billete de embarque, y me dijo: “Pues ya es mala suerte”; sin ninguna complicación… Pero tenía que darle a todo esto un aire más mágico, dado que si no era aburrido xDDDD
Acto seguido fuimos hasta la ventanilla de Información, para preguntar dónde estaba el lugar de objetos perdidos, por si por casualidad alguien había entregado mi cartera… El hombre de la ventanilla, al que se le notaba el amor hacia el trabajo y las ganas de trabajar, tras hacerse el loco, nos indicó el lugar…
Este trozo es aburrido. Sólo indicar que no hubo éxito en la busqueda de cartera. Y ya hacemos omisión temporal hasta que Cart entra a la zona para subirse a los aviones…
Y nuevamente, una enorme cola para pasar por una puerta detectora de metales, y nuevamente lo de dejar objetos personales en una bandeja y todo eso, esta vez también las llaves, ya para evitar la escenita de los agentes descolgandose del techo. Y tras esperar, esperar, esperar, esperar, esperar, esperar… Seguí esperando un rato más, mientras la cola avanzaba muy lentamente. Y después de esperar un rato más, esperé un ratito más y ya fue mi turno. Dejé, como ya comenté, mis objetos en una bandeja, y pasé. PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Y en efecto, pitó. Y es que los detectores del aeropuerto de Barcelona son tan quisquillosos que obligan a descalzarse, a mi y a todo el mundo. A notar ese frío, frío suelo. Quizá sea por aquello de las armas químicas, que indudablemente mis tenis podrían entrar en esa categoría… Pero me dejaron seguir con ellos, tras firmar una declaración jurada de que no me descalzaría en el avión.
Y así, llegué a un enorme centro comercial surgido de la nada. Quién me iba a decir a mí que allí iba a haber un centro comercial… Pero lo había. Pero no había tiempo. Comenzó la búsqueda de la Puerta 29. Y siguió la busqueda… Y continuó… Y siguió siguiendo… Y continuó continuando… Rampas mecánicas superlentas que no llevaban a ninguna parte, salvo al mismo sitio al que irías andando normalmente, sólo que más despacio… Y al final, bajando unas escaleras, llegué a la puerta 29, que era un “garaje” dónde vino un bus que nos recogió, en el que fui mucho menos apretado que en el otro, hasta llegar finalmente al avión. Subimos todos, y tal felices… ¿Felices? ¡Ja! Algo tenía que pasar para redondear la faena…
Y era el avión, que no comenzaba a moverse. De pronto llegaron 20956 coches patrulla a rodear el avión, entraron con sumo cuidado en la parte de abajo, y comenzaron a disparar al equipaje de la gente. En ese momento me alegré de no llevar equipaje, salvo el de mano… Tras esto, el avión comenzó a moverse, llegamos a la zona de despegue, y finamente despegamos. Las azafatas, antes de despegar, volvieron a hacer la misma chorrada de antes… Pero bueno, ahroa ya no les hice caso.
Rato después, el piloto nos avisó que el retraso se debía a que había una maleta facturada, pero el dueño de la misma no se había subido, de modo que por seguridad y ese tipo de cosas tuvieron que destruir absolutamente todo el equipaje del avión, para no equivocarse con la maleta mala.
Por la ventana, pude ver a Barcelona bajo las nubes… Luego fuimos viendo diversas ciudades, que el piloto nos decía cuales eran… E incluso se veía Madrid, allí, en la lejanía, como un tenue brillo. Y si en el viaje de ida estaba todo despejado, salvo por que al llegar a Barcelona una brutal capa de nubes todo lo cubría, hacía Vigo vimos sobre Barcelona unas poquitas nubes, y una vez en Vigo todo despejado… ¿Todo? ¡No! Una brutal y espesa capa de niebla se había concentrado en la pista de aterrizaje del aeropuerto. Toda la niebla del universo se congregaba en la pista de aterrizaje de Peinador… Y el avión, tras aterrizar satisfactoriamente, se fue acercando hasta un túnel de embarque (desembarque en este caso) que se conectaría con la puerta… Por una vez, no tendría que pisar la puerta de embarque. Y por megafonía, una voz en perfecto castellano, inglés y… ¡gallego! nos dijo lo de que comprobásemos que llevábamos todo encima. Al llegar allí la voz había sido en castellano e inglés, y aquí también en nuestro idioma autonómico. Para que se jodan los polacos esos. HOSTIA YA.
Con cariño, por supuesto, para todos los habitantes del otro lado de la península, en especial para esa panda de locos que tuvieron a bien pagarme el viaje y soportarme en aquella masia grandota.
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