18/04/07 HFA: Historia de Amor (2)
Si no se te ocurren ideas... ¡Haz un remake de una idea anterior!
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Todavía no había salido el Sol cuando se levantó impaciente y nervioso. Se vistió rápidamente y bajó las escaleras para llegar a la calle, e ir a la estación de tren dónde llegaría ella, tras tantos años sin verla. Sólo había podido estar en contacto con ella a través de las cartas que, clandestinamente, conseguían hacer llegar a aquel lugar dónde ella estaba. Pero ahora ella había escapado, y por fin se verían, tan pronto llegase aquel tren y se volviesen a ver.
Mientras se iba dirigiendo a la estación, en lo alto del cielo, las nubes se empezaron a agrupar; y comenzaron a caer unas gotas de agua. Eso a él le sirvió de excusa para apretar un poco el paso y llegar todavía antes a la estación. Sentarse a esperarla, para poder abrazarla, tocarla, sentirla. Para poder volver a oír su voz, notar nuevamente su mirada, volver a tener a su amada nuevamente cerca de él. Su vida por fin recuperaba el sentido tras aquellos 6 tristes y horribles años.
Se sentó en uno de los bancos de la estación, y comenzó a esperar a que llegase el tren. Quedaban aún 2 horas, pero no le importaría esperar. Sobre las intensas nubes, el sol comenzaba a asomar, pero apenas se notaba, ya que la pequeña llovizna comenzó a ser una enorme tromba de agua.
A doscientos kilómetros de distancia, un tren circulaba con una mujer especialmente feliz. Había conseguida escapar, a través de las montañas, de la guerra que había estallado en el país dónde estaba, la que le había impedido volver a hablar con su amado, la que le había obligado a comunicarse a través de correo y de modo clandestino, ya que las comunicaciones estaban cortadas por teléfono y cualquier otro medio.
Pero por fin estaba allí, en lugar feliz, lejos de todo aquel jaleo. Volvería a ver a su amado, volvería a sentir su presencia, quedaban menos de 2 horas para por fin volver a tocarse, volver a abrazarse; para volver a sentir su calor. Por la ventana veía como la lluvia iba cayendo cada vez con más fuerza, veía como el tren, a su paso, iba levantando cada poco tiempo surcos de agua hacia ambos lados del camino. Pero ella no pensaba en eso. Pensaba en que por fin le vería, volvería la felicidad a su corazón, que latía con fuerza, lleno de alegría, que le hacía superar el cansancio que agotaba su cuerpo…
Y así, con los dos pensando en ellos, en lo bonito que iba a ser todo cuando volvieran a verse, pasaron las dos horas. Para entonces ya caía una enorme tormenta, con una furia brutal y una enorme cantidad de rayos. Cuando el tren comenzó a sonar, a medida que se acercaba a la estación, él se levantó rápidamente, y se comenzó a acercar hacia aquella máquina que le acercaba a su amada. Su corazón latía con mucha más fuerza que nunca, cómo desbocado, al ver que finalmente su ilusión, lo que le había hecho respirar tanto tiempo, estaba ALLÍ.
Y finalmente el tren se paró. Y él se detuvo ante una puerta, aunque no sabía claramente en cual se iba a bajar ella. En ese momento, él estaba empapado, ya que en aquel andén de la estación no había techo, por algún motivo. Y 2 puertas más allá, se bajó ella. Se miraron, por fín se podían volver a ver. Y tras dos segundos viéndose, con el corazón de cada uno latiendo con más fuerza que el del otro, mientras las gotas de agua les empapaban, y el tren comenzaba a partir tras que se bajaran las otras 3 personas que se habían apeado en aquella estación; comenzaron a correr el uno hacia el otro. Entonces, al mismo tiempo, dos terribles y brutales rayos, procedentes de dos nubes completamente distintas, cayeron sobre ellos desintegrándoles y fulminándoles, destruyendo hasta la última célula de sus cuerpos, pero con una precisión tal, que ambos pudieron ver cómo el otro era destruido, y sufrir también la pérdida del ser amado antes de morir horriblemente.
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Todavía no había salido el Sol cuando se levantó impaciente y nervioso. Se vistió rápidamente y bajó las escaleras para llegar a la calle, e ir a la estación de tren dónde llegaría ella, tras tantos años sin verla. Sólo había podido estar en contacto con ella a través de las cartas que, clandestinamente, conseguían hacer llegar a aquel lugar dónde ella estaba. Pero ahora ella había escapado, y por fin se verían, tan pronto llegase aquel tren y se volviesen a ver.
Mientras se iba dirigiendo a la estación, en lo alto del cielo, las nubes se empezaron a agrupar; y comenzaron a caer unas gotas de agua. Eso a él le sirvió de excusa para apretar un poco el paso y llegar todavía antes a la estación. Sentarse a esperarla, para poder abrazarla, tocarla, sentirla. Para poder volver a oír su voz, notar nuevamente su mirada, volver a tener a su amada nuevamente cerca de él. Su vida por fin recuperaba el sentido tras aquellos 6 tristes y horribles años.
Se sentó en uno de los bancos de la estación, y comenzó a esperar a que llegase el tren. Quedaban aún 2 horas, pero no le importaría esperar. Sobre las intensas nubes, el sol comenzaba a asomar, pero apenas se notaba, ya que la pequeña llovizna comenzó a ser una enorme tromba de agua.
A doscientos kilómetros de distancia, un tren circulaba con una mujer especialmente feliz. Había conseguida escapar, a través de las montañas, de la guerra que había estallado en el país dónde estaba, la que le había impedido volver a hablar con su amado, la que le había obligado a comunicarse a través de correo y de modo clandestino, ya que las comunicaciones estaban cortadas por teléfono y cualquier otro medio.
Pero por fin estaba allí, en lugar feliz, lejos de todo aquel jaleo. Volvería a ver a su amado, volvería a sentir su presencia, quedaban menos de 2 horas para por fin volver a tocarse, volver a abrazarse; para volver a sentir su calor. Por la ventana veía como la lluvia iba cayendo cada vez con más fuerza, veía como el tren, a su paso, iba levantando cada poco tiempo surcos de agua hacia ambos lados del camino. Pero ella no pensaba en eso. Pensaba en que por fin le vería, volvería la felicidad a su corazón, que latía con fuerza, lleno de alegría, que le hacía superar el cansancio que agotaba su cuerpo…
Y así, con los dos pensando en ellos, en lo bonito que iba a ser todo cuando volvieran a verse, pasaron las dos horas. Para entonces ya caía una enorme tormenta, con una furia brutal y una enorme cantidad de rayos. Cuando el tren comenzó a sonar, a medida que se acercaba a la estación, él se levantó rápidamente, y se comenzó a acercar hacia aquella máquina que le acercaba a su amada. Su corazón latía con mucha más fuerza que nunca, cómo desbocado, al ver que finalmente su ilusión, lo que le había hecho respirar tanto tiempo, estaba ALLÍ.
Y finalmente el tren se paró. Y él se detuvo ante una puerta, aunque no sabía claramente en cual se iba a bajar ella. En ese momento, él estaba empapado, ya que en aquel andén de la estación no había techo, por algún motivo. Y 2 puertas más allá, se bajó ella. Se miraron, por fín se podían volver a ver. Y tras dos segundos viéndose, con el corazón de cada uno latiendo con más fuerza que el del otro, mientras las gotas de agua les empapaban, y el tren comenzaba a partir tras que se bajaran las otras 3 personas que se habían apeado en aquella estación; comenzaron a correr el uno hacia el otro. Entonces, al mismo tiempo, dos terribles y brutales rayos, procedentes de dos nubes completamente distintas, cayeron sobre ellos desintegrándoles y fulminándoles, destruyendo hasta la última célula de sus cuerpos, pero con una precisión tal, que ambos pudieron ver cómo el otro era destruido, y sufrir también la pérdida del ser amado antes de morir horriblemente.
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