28/03/07 Historiteando con Moraleja - Madrugar Mata
Si había algo en el mundo que yo odiaba era madrugar. Siempre había dicho, en un tono de broma, “madrugar mata”. Lo que nunca me habría imaginado es que, aquel día, efectivamente, madrugar sería la causa de mi muerte.
Mucho antes del primer canto de gallo del día, el sonido de mi despertador perforó mis tímpanos trayéndome del onírico mundo en el que estaba y poniéndome firme sobre la realidad. Me vestí rápidamente, salí de casa, tomé el ascensor y bajé los 12 pisos que me separaban del garaje. Me subí a mi coche y con gran velocidad acudí a la cita que me había hecho madrugar.
A pesar de que la noche anterior me había acostado antes de lo normal, los párpados me pesaban, el sueño podía conmigo. Por las calles de la ciudad no pasaba ni un alma; sólo pasaba mi pequeña berlina blanca dirigiéndose rauda a solucionar el asunto, el enorme problema. Haber enviado aquella carta había sido el mayor error de mi existencia; y ahora tenía que llegar a Correos antes que nadie para saber a que cartero le tocaría la zona del destino; y una vez localizado, esperar a que se metiese en un portal para asesinarle y robarle la carta. Era un plan perfecto…
Así, cuando todavía era tan temprano que el Sol tenía miedo a salir por si le atracaban, encontré al cartero, le provoqué la muerte de un modo espantoso, y me llevé la carta. Entonces, mientras caminaba satisfecho, de las entrañas de la tierra surgió Godzilla y me devoró; causándome la muerte.
Y ¿Cuál es la moraleja? Pues bien; la moraleja es, obviamente, que madrugar mata. Ya seas un cartero y el que te mate sea un desquiciado que quiere robar una carta que se ha arrepentido de mandar; o seas un desquiciado que quiere matar al cartero tras arrepentirse de mandar una carta y te mate Godzilla; el caso es que madrugar mata.
Mucho antes del primer canto de gallo del día, el sonido de mi despertador perforó mis tímpanos trayéndome del onírico mundo en el que estaba y poniéndome firme sobre la realidad. Me vestí rápidamente, salí de casa, tomé el ascensor y bajé los 12 pisos que me separaban del garaje. Me subí a mi coche y con gran velocidad acudí a la cita que me había hecho madrugar.
A pesar de que la noche anterior me había acostado antes de lo normal, los párpados me pesaban, el sueño podía conmigo. Por las calles de la ciudad no pasaba ni un alma; sólo pasaba mi pequeña berlina blanca dirigiéndose rauda a solucionar el asunto, el enorme problema. Haber enviado aquella carta había sido el mayor error de mi existencia; y ahora tenía que llegar a Correos antes que nadie para saber a que cartero le tocaría la zona del destino; y una vez localizado, esperar a que se metiese en un portal para asesinarle y robarle la carta. Era un plan perfecto…
Así, cuando todavía era tan temprano que el Sol tenía miedo a salir por si le atracaban, encontré al cartero, le provoqué la muerte de un modo espantoso, y me llevé la carta. Entonces, mientras caminaba satisfecho, de las entrañas de la tierra surgió Godzilla y me devoró; causándome la muerte.
Y ¿Cuál es la moraleja? Pues bien; la moraleja es, obviamente, que madrugar mata. Ya seas un cartero y el que te mate sea un desquiciado que quiere robar una carta que se ha arrepentido de mandar; o seas un desquiciado que quiere matar al cartero tras arrepentirse de mandar una carta y te mate Godzilla; el caso es que madrugar mata.
« página anterior
(Página 1 de 1, en total 1 entradas)
página siguiente »




