13/03/07 Minihistoriteando : Historida de olla ...
No había parado de llover desde que comenzó el día. Desde mi sillón observaba en silencio la ventana, cómo las gotas de lluvia no dejaban de chocar contra ella y poco a poco se escurrían. No podía parar de pensar en lo que había hecho, en que quizá había cometido un error enorme, pero en el fondo, sabía que si no lo hubiese hecho me habría arrepentido mucho más.
El imperante silencio, con perdón del ruido de la lluvia, que allí reinaba se vio interrumpido cuando llamaron firmemente a la puerta. Me acerqué hasta ella y la abrí. Allí había 2 policías, que me contaron lo que ya sabía. Gustavo había muerto horriblemente. Le habían descuartizado, destripado y habían escrito en el espejo del baño con su sangre: “Esta vez no es un aviso”.
Dado que probablemente esos policías sospechaban de mí, decidí matarlos. Cogí sus cuerpos y los incineré en el horno crematorio que tenía en el sótano; y con sus cenizas aboné el rosal que tenía en la puerta. Un rosal que gracias a la sabia alimentación que le proporcionaba; estaba creciendo sano y fuerte. Un hermoso y bello rosal del que pronto sacaría una hermosa rosa para vender disfrazado de china.
Sin embargo las cosas se complicaron. El escáner de la policía indicaba que iban a mandar a nuevos agentes a mi hogar; y ya habían descubierto que yo había asesinado a Gustavo; y probablemente sospechasen algo del destino de los 2 agentes desaparecidos. Sabía que no comprenderían que había matado a Gustavo por no querer venderme el disfraz de china, ni que había matado a los agentes para abonar el rosal, de modo que decidí escapar de la ciudad, del país, en mi helicóptero a pedales.
Me cansé de pedalear en medio de los Montes Urales; y ahora vago por ellos en busca de turistas, campesinos y excursionistas despistados de los que alimentarme, a la espera del día en que mis crímenes expiren y me pueda disfrazar de china y vender rosas rojas por las calles de mi ciudad.
El imperante silencio, con perdón del ruido de la lluvia, que allí reinaba se vio interrumpido cuando llamaron firmemente a la puerta. Me acerqué hasta ella y la abrí. Allí había 2 policías, que me contaron lo que ya sabía. Gustavo había muerto horriblemente. Le habían descuartizado, destripado y habían escrito en el espejo del baño con su sangre: “Esta vez no es un aviso”.
Dado que probablemente esos policías sospechaban de mí, decidí matarlos. Cogí sus cuerpos y los incineré en el horno crematorio que tenía en el sótano; y con sus cenizas aboné el rosal que tenía en la puerta. Un rosal que gracias a la sabia alimentación que le proporcionaba; estaba creciendo sano y fuerte. Un hermoso y bello rosal del que pronto sacaría una hermosa rosa para vender disfrazado de china.
Sin embargo las cosas se complicaron. El escáner de la policía indicaba que iban a mandar a nuevos agentes a mi hogar; y ya habían descubierto que yo había asesinado a Gustavo; y probablemente sospechasen algo del destino de los 2 agentes desaparecidos. Sabía que no comprenderían que había matado a Gustavo por no querer venderme el disfraz de china, ni que había matado a los agentes para abonar el rosal, de modo que decidí escapar de la ciudad, del país, en mi helicóptero a pedales.
Me cansé de pedalear en medio de los Montes Urales; y ahora vago por ellos en busca de turistas, campesinos y excursionistas despistados de los que alimentarme, a la espera del día en que mis crímenes expiren y me pueda disfrazar de china y vender rosas rojas por las calles de mi ciudad.
Publicado por CartDestr
en Ida de olla. Pero grande., MINI-historiteando a las
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