3/02/07 Luna Nueva - Capítulo 1
Comienza así una nueva historia en capítulos... Espero que la sigais con cariño, amor, y opiniones y tal. Procuraré mantener cierta 'seriedad' en esta historia y aparcar las idas de olla, al menos, en esta categoría. Y procuraré actualizaré una vez cada semana con un nuevo capítulo.
Espero que os guste y que opineis cosas sobre ella. Incluso si os parece una 'puta mierda' y pensais que me debería hacer merecedor del infierno publicar una cosa como esta, decidlo.
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La oscuridad de la noche, sólo alterada por las luces del coche, lo cubría todo. Entre las miles de llamadas que estaba recibiendo la comisaría aquella turbulenta noche, una de ellas llevaba una noticia diferente: Alguien había asesinado al antiguo alcalde de la ciudad en su casa, situada en las afueras, de modo que el coche policial se dirigía hacia allí a través de un camino sin asfaltar, sin iluminar, y conducido torpemente por un inspector no acostumbrado a ir por caminos de tierra, ni tampoco habituado a conducir coches con 10 años de antigüedad.
Era el mes de Junio del año 2016 y un brutal incendio en el centro comercial más grande de la zona había llevado a toda la flota policial a tratar de contener la revuelta que se había producido tras el inicio del fuego y también para colaborar con los bomberos y el personal sanitario en rescatar a las personas que habían resultado heridas; de modo que en la flota de automóviles de comisaría sólo quedaban los que oficiosamente ya estaban jubilados por su antigüedad. Sin embargo, el antiguo alcalde era quién era, y su crimen no podía esperar, de modo que el comisario, que hasta el momento seguía en la comisaría, había cogido al único inspector que allí quedaba y juntos se dirigieron hasta el lugar del crimen.
Cuando finalmente el coche llegó hasta la mansión, la situación cambió por completo. Las enormes luces que allí había contrastaban con la oscuridad que cubría el resto del monte, aunque a esa altura, a lo lejos, se podían ver las luces de la ciudad y también las llamas levantándose a una enorme altura; muchos metros por encima del edificio que ardía.
Los agentes se bajaron del coche, tras aparcarlo justo detrás de la ambulancia que estaba allí estacionada, y se dirigieron hacia la puerta de aquella casa. El comisario se percató de que aquel lugar incumplía claramente el decreto sobre contaminación lumínica, pero no era el momento de pararse en ese asunto. Entonces llamó al timbre de la puerta, mientras el inspector se frotaba las manos por el penetrante frío que a aquellas horas de la noche hacía en lo alto del monte, y que los finos guantes reglamentarios no conseguían aliviar.
Una mujer de mediana edad y visiblemente afectada por el suceso abrió la puerta de la casa, y saludó al comisario con un abrazo. Era la viuda del alcalde, que sin mediar palabra hizo que los dos policías le siguieran hasta el salón, donde se encontraba el cuerpo sin vida del anterior regidor de la ciudad y un par de médicos que habían llegado en la ambulancia que estaba aparcada en la puerta.
A varios kilómetros de distancia, en el centro de la ciudad, el centro comercial se desplomaba ante el calor de las llamas, aunque en su interior ya no quedaba nadie con vida por el intenso calor. Los bomberos no tardaron demasiado en sofocar el fuego, una vez desplomado el lugar, y las ambulancias comenzaron a partir hacia los hospitales de la zona con todos los heridos que habían sido provocados. La policía detuvo a 130 personas por haber saqueado el lugar tras las llamas, entorpeciendo las labores de rescate y extinción.
En pocos minutos la policía comenzaría a abandonar el lugar también, quedando algunos agentes de la policía científica que investigarían el lugar para descubrir las causas del incendio, y algunos bomberos que se quedarían para tratar de comprobar si, sorprendentemente, alguien había sobrevivido a aquel suceso. Los numerosos periodistas que había en el lugar también abandonaron la zona, esperando al amanecer para tomar nuevas fotos del lugar.
En ese momento eran las 03.00 de la madrugada. Los diarios más importantes cerraban sus ediciones con más retraso del habitual para tratar de abarcar la máxima información posible sobre el incendio, y también para tratar de ampliar la, en aquel momento, escueta nota de prensa sobre el asesinato del antiguo alcalde. Aunque en aquel momento no conseguirían demasiada información sobre el suceso.
Pero ni el comisario ni el inspector conseguirían demasiada información tampoco. José Rubén Nogueira, el antiguo alcalde, había recibido un disparo en el cuello, que le había causado la muerte, pero ni uno sólo de los agentes que allí fueron encontró pista alguna. Ni un casquillo, ni siquiera huellas en la alfombra que no hubieran dejado ellos mismos. Ni huellas dactilares, ni siquiera de la víctima o su mujer, ni nada que pudiera resultar esclarecedor. Y la grabación de las cámaras que rodeaban la finca no mostraba que nadie hubiese entrado o salido de la finca ni el viernes ni el sábado, el primer acceso es del coche de la mujer a las 00.20; poco después la ambulancia y enseguida el coche de policía, el coche del juez y, ya casi amaneciendo el lunes, miembros de la policía científica que se habían trasladado desde otra ciudad, dado que todos los de la ciudad estaban ocupados en el centro comercial.
Lo único que sacaron en claro es que José Rubén había muerto entre las 23.00 y las 23.59 horas del domingo 5 de junio de 2016, una noche con una oscura luna nueva que hacía a la luz de las estrellas fulgurar con fuerza.
Espero que os guste y que opineis cosas sobre ella. Incluso si os parece una 'puta mierda' y pensais que me debería hacer merecedor del infierno publicar una cosa como esta, decidlo.
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La oscuridad de la noche, sólo alterada por las luces del coche, lo cubría todo. Entre las miles de llamadas que estaba recibiendo la comisaría aquella turbulenta noche, una de ellas llevaba una noticia diferente: Alguien había asesinado al antiguo alcalde de la ciudad en su casa, situada en las afueras, de modo que el coche policial se dirigía hacia allí a través de un camino sin asfaltar, sin iluminar, y conducido torpemente por un inspector no acostumbrado a ir por caminos de tierra, ni tampoco habituado a conducir coches con 10 años de antigüedad.
Era el mes de Junio del año 2016 y un brutal incendio en el centro comercial más grande de la zona había llevado a toda la flota policial a tratar de contener la revuelta que se había producido tras el inicio del fuego y también para colaborar con los bomberos y el personal sanitario en rescatar a las personas que habían resultado heridas; de modo que en la flota de automóviles de comisaría sólo quedaban los que oficiosamente ya estaban jubilados por su antigüedad. Sin embargo, el antiguo alcalde era quién era, y su crimen no podía esperar, de modo que el comisario, que hasta el momento seguía en la comisaría, había cogido al único inspector que allí quedaba y juntos se dirigieron hasta el lugar del crimen.
Cuando finalmente el coche llegó hasta la mansión, la situación cambió por completo. Las enormes luces que allí había contrastaban con la oscuridad que cubría el resto del monte, aunque a esa altura, a lo lejos, se podían ver las luces de la ciudad y también las llamas levantándose a una enorme altura; muchos metros por encima del edificio que ardía.
Los agentes se bajaron del coche, tras aparcarlo justo detrás de la ambulancia que estaba allí estacionada, y se dirigieron hacia la puerta de aquella casa. El comisario se percató de que aquel lugar incumplía claramente el decreto sobre contaminación lumínica, pero no era el momento de pararse en ese asunto. Entonces llamó al timbre de la puerta, mientras el inspector se frotaba las manos por el penetrante frío que a aquellas horas de la noche hacía en lo alto del monte, y que los finos guantes reglamentarios no conseguían aliviar.
Una mujer de mediana edad y visiblemente afectada por el suceso abrió la puerta de la casa, y saludó al comisario con un abrazo. Era la viuda del alcalde, que sin mediar palabra hizo que los dos policías le siguieran hasta el salón, donde se encontraba el cuerpo sin vida del anterior regidor de la ciudad y un par de médicos que habían llegado en la ambulancia que estaba aparcada en la puerta.
A varios kilómetros de distancia, en el centro de la ciudad, el centro comercial se desplomaba ante el calor de las llamas, aunque en su interior ya no quedaba nadie con vida por el intenso calor. Los bomberos no tardaron demasiado en sofocar el fuego, una vez desplomado el lugar, y las ambulancias comenzaron a partir hacia los hospitales de la zona con todos los heridos que habían sido provocados. La policía detuvo a 130 personas por haber saqueado el lugar tras las llamas, entorpeciendo las labores de rescate y extinción.
En pocos minutos la policía comenzaría a abandonar el lugar también, quedando algunos agentes de la policía científica que investigarían el lugar para descubrir las causas del incendio, y algunos bomberos que se quedarían para tratar de comprobar si, sorprendentemente, alguien había sobrevivido a aquel suceso. Los numerosos periodistas que había en el lugar también abandonaron la zona, esperando al amanecer para tomar nuevas fotos del lugar.
En ese momento eran las 03.00 de la madrugada. Los diarios más importantes cerraban sus ediciones con más retraso del habitual para tratar de abarcar la máxima información posible sobre el incendio, y también para tratar de ampliar la, en aquel momento, escueta nota de prensa sobre el asesinato del antiguo alcalde. Aunque en aquel momento no conseguirían demasiada información sobre el suceso.
Pero ni el comisario ni el inspector conseguirían demasiada información tampoco. José Rubén Nogueira, el antiguo alcalde, había recibido un disparo en el cuello, que le había causado la muerte, pero ni uno sólo de los agentes que allí fueron encontró pista alguna. Ni un casquillo, ni siquiera huellas en la alfombra que no hubieran dejado ellos mismos. Ni huellas dactilares, ni siquiera de la víctima o su mujer, ni nada que pudiera resultar esclarecedor. Y la grabación de las cámaras que rodeaban la finca no mostraba que nadie hubiese entrado o salido de la finca ni el viernes ni el sábado, el primer acceso es del coche de la mujer a las 00.20; poco después la ambulancia y enseguida el coche de policía, el coche del juez y, ya casi amaneciendo el lunes, miembros de la policía científica que se habían trasladado desde otra ciudad, dado que todos los de la ciudad estaban ocupados en el centro comercial.
Lo único que sacaron en claro es que José Rubén había muerto entre las 23.00 y las 23.59 horas del domingo 5 de junio de 2016, una noche con una oscura luna nueva que hacía a la luz de las estrellas fulgurar con fuerza.
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