29/11/06 MiniHistoriteando; pero sin moraleja.
Mariano estaba feliz. Estaba feliz, por que había oído los rumores de que el próximo protagonista de alguna historia en cartdestr.info no iba a morir. Lamentablemente, se equivocaba.
Mariano iba caminando felizmente, bajo un poderoso sol, por la calle principal de su pueblo. Fue a la panadería donde, desde hacía 14 años iba a comprar todos los días. Al entrar en la panadería se encontró con un viejo conocido, con un viejo amigo, del que el tiempo y las circunstancias le habían separado. Ambos se alegraron por el encuentro, y decidieron ir a tomar un café a un bar cercano, para charlar de los viejos tiempos.
Se sentaron, y vieron a un hombre con una gabardina y un sombrero tomando un café sentado en los taburetes de la barra. Junto a el, estaba una camarera bastante bastante poco agraciada y con una voz chillona. En ese momento, entró un hombre disfrazado de payaso portando un acordeón, y lo dejó al lado del hombre. Acto seguido se fue corriendo. Y entonces, no pasó nada.
Comenzaron a charlar sobre lo que había pasado esos años. Mariano había empezado a trabajar como sicario para una familia siciliana afincada en la zona. Su amigo, Ernesto, era un humilde traficante de armas, tras haber dejado la puericultura y la pediatría. Al parecer, quería andar con gente más inocente que esos pequeños cabrones con biberón.
Al terminar la charla, intercambiaron números de teléfono y se fue cada uno por su lado. Lo cual no les sirvió de mucho dado que Mariano falleció de Muerte Súbita. Efectivamente, unos niñatos jugando al fútbol no le vieron pasar y le destrozaron la cabeza con la bola cuando trataban de deshacer el empate.
Mariano iba caminando felizmente, bajo un poderoso sol, por la calle principal de su pueblo. Fue a la panadería donde, desde hacía 14 años iba a comprar todos los días. Al entrar en la panadería se encontró con un viejo conocido, con un viejo amigo, del que el tiempo y las circunstancias le habían separado. Ambos se alegraron por el encuentro, y decidieron ir a tomar un café a un bar cercano, para charlar de los viejos tiempos.
Se sentaron, y vieron a un hombre con una gabardina y un sombrero tomando un café sentado en los taburetes de la barra. Junto a el, estaba una camarera bastante bastante poco agraciada y con una voz chillona. En ese momento, entró un hombre disfrazado de payaso portando un acordeón, y lo dejó al lado del hombre. Acto seguido se fue corriendo. Y entonces, no pasó nada.
Comenzaron a charlar sobre lo que había pasado esos años. Mariano había empezado a trabajar como sicario para una familia siciliana afincada en la zona. Su amigo, Ernesto, era un humilde traficante de armas, tras haber dejado la puericultura y la pediatría. Al parecer, quería andar con gente más inocente que esos pequeños cabrones con biberón.
Al terminar la charla, intercambiaron números de teléfono y se fue cada uno por su lado. Lo cual no les sirvió de mucho dado que Mariano falleció de Muerte Súbita. Efectivamente, unos niñatos jugando al fútbol no le vieron pasar y le destrozaron la cabeza con la bola cuando trataban de deshacer el empate.
21/11/06 MiniHistoriteando con Moraleja
Era de día y hacía Sol. Bueno, vale, miento. Era de noche y llovía, llovía mucho, pero tenía que hacer creer que la ambientación inicial de esta historia era diferente. Hacía años y años que no se veía llover así en la ciudad. Además hacía un frio terrible, pero aún así llovía. Además, una sobrecarga había dejado en la penumbra a la mitad del continente, de modo que la única iluminación era la de los faros de los coches que pasaban por la zona a esas horas de la noche. Una noche cerrada y oscura.
Bajo este clima, con una gabardina más negra que la noche, un hombre que iba por la calle se dirigia hacia su coche, aparcado a un par de manzanas del lugar. Se sabía las calles de memoria, de modo que no necesitaba ver, hecho que por otro lado apenas podía hacerse. Entonces, en un cruce, un coche negro se lo llevó por delante y lo mató, al no verle.
La moraleja de esta historia es: Cuando un coche negro te atropelle bajo la oscuridad de la noche, no te mueras.
Bajo este clima, con una gabardina más negra que la noche, un hombre que iba por la calle se dirigia hacia su coche, aparcado a un par de manzanas del lugar. Se sabía las calles de memoria, de modo que no necesitaba ver, hecho que por otro lado apenas podía hacerse. Entonces, en un cruce, un coche negro se lo llevó por delante y lo mató, al no verle.
La moraleja de esta historia es: Cuando un coche negro te atropelle bajo la oscuridad de la noche, no te mueras.
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