2/07/06 Mini ( es un decir ) Historiteando - El sueño
Hacía mucho que no colaba una de esas historia de un sólo capítulo... Aquí va esta, que es un pelín larga. Espero que os guste.
Todo parecía perdido. La batalla estaba en las últimas. Los cuerpos que cubrían el campo de batalla a penas se distinguían por aquella espesa niebla que todo lo cubría. Pero aún así, se podía notar quien iba ganando. Nuestro bando había sido aniquilado por las tropas del rey. Pero aún así, la rendición no era una opción. La traición cometida nos costaría la muerte, incluso aunque nos rindiésemos. Pero aquello ya no parecía importar. Uno de los caballeros de élite del rey se acercó a mí con la espada empuñada, galopando velozmente. Vi a través del yelmo la empuñadura de su arma acercarse hacia mi boca; parecía que a mi me quería de prisionero y no de cadáver putrefacto. Cuando el impacto parecía inminente, un fuerte ruido lo cubrió todo.
El ruido de la sirena me hizo volver a la realidad desde aquel mundo de sueños, de aquella horrible pesadilla. El barco acababa de llegar al puerto, y era la hora de desembarcar. Debían ser las doce de la noche si el barco había sido puntual; aunque no lo tenía nada claro puesto que mi reloj se había averiado en medio del océano. Salí por una de las rampas laterales del barco que abrieron para desembarcar, y la niebla lo cubría todo. Había una capa de niebla baja y muy espesa, a penas se veía nada a 2 palmos.
A pesar de la niebla, podía escuchar el murmullo de la gente que acaba de salir del barco. Había recorrido tantas veces aquel puerto que incluso a ciegas podría hacerlo. El murmullo del gentío cada vez se iba haciendo más bajo. Más bajo. De pronto el murmullo del gentío desapareció; y con el murmullo también desapareció la niebla. Ya no había nadie en todo el puerto; supuse que se habrían apresurado en irse a dormir, y pensé que lo mejor sería hacer lo mismo yo también.
Empecé a caminar hacia el hotel donde me alojaba siempre, que estaba a escasos metros del puerto de pasajeros. Las luces de la calle comenzaron a parpadear, y finalmente se apagaron. Pero sin embargo, la niebla que antes cubría la ciudad ya no estaba, y una intensa luna llena lo iluminaba todo. Entré al hotel, donde si que había luz, y me dirigí hacia la recepción. El recepcionista no estaba, pero yo ya había hecho la reserva de la habitación, de modo que me dirigí al aparato que había al lado de la recepción, similar al de los aparcamientos o los cines, para sacar las llaves de mi habitación. Introduje mi clave, y cogí mis llaves.
Llamé al ascensor; tenía que ir a la habitación 503 y en ese momento no tenía ganas de subir 5 plantas. El ascensor llegó, silencioso como siempre hasta la planta baja. Me subí en él y pulsé el botón adecuado. La luz del ascensor comenzó a parpadear mientras el ascensor subía hasta la planta quinta, y recordé que en la calle no había luz. Mas no hubo más problema que el parpadear; y pude salir del aparato en la quinta planta, a la que iba. Abrí la puerta de mi habitación, y entré en ella. Me preparé para dormir, me metí en la cama, y cerré los ojos.
La memoria fue caprichosa, y me hizo continuar el mismo sueño de antes. La boca me sabía a sangre, estaba encerrado en aquella celda de la cárcel medieval. A través de los barrotes de la celda, la niebla entraba, se me metía en los huesos, y mi armadura ya no estaba conmigo. El guardia me miró y me dijo: Bueno, es la hora. Si nos cuentas lo que queremos saber, serás ejecutado con rapidez y con honor. Si guardas silencio, te sacaremos las palabras y pasarás el resto de la eternidad vida encerrado en las celdas subterráneas; y nos ocuparemos de que todo el país sepa que tu y el nombre de tu familia está manchado por la traición y el deshonor.
Las celdas subterráneas eran un lugar terrorífico. Los presos se encerraban allí de por vida, no podían salir. Era un castigo peor que la pena de muerte. El anterior rey, en su brutal crueldad, había inventado una estructura de rejas de 4 pisos, de pequeños cubículos, apiladas. No había espacio para tumbarse, ni para estar de pie, sólo se podía estar sentado o tumbado en posición fetal. La comida se arrojaba en las celdas superiores, e iba escurriéndose entre las rejas hasta llegar a las inferiores. A los de abajo a penas les llegaba la comida, y su celda no tenia reja por debajo, y se llenaba de sus propios excrementos y de todos los que estaban en las celdas superiores. Allí era donde encerraban a los infieles, a los falsos conversos, y tambien a los peores traidores; considerando que la muerte es un premio para estos.
El guardia me golpeó en la cabeza a través de los barrotes. Y el teléfono móvil comenzó sonar. Eran las 4 de la madrugada; y toda la cama estaba sudada, las sábanas revueltas y la cama completamente deshecha. Al parecer la pesadilla me estaba haciendo revolverme en la cama. Cogí el móvil, y una voz me preguntó por Marcos. Yo me iba a cagar en la puta madre de quien había llamado; pero me limité a, con una voz somnolienta, decir: “Lo siento, se ha equivocado. Por aquí no hay ningún Marcos”… Colgué el teléfono, y respiré aliviado tras haberme despertado y tras comprobar que seguía habiendo humanos, ya que no había visto a nadie desde que me había bajado del barco.
Intenté dormir de nuevo; pero no me atrevía; no quería volver a aquella pesadilla. Tenía hambre, de modo que me dispuse a llamar al servicio de habitaciones para que me trajesen algo para comer. Cogí el teléfono, y no había señal. Traté de encender la luz de la mesilla, y comprobé que tampoco había luz. Me asomé a la ventana; y vi que no había luz en la calle, aunque la potente luna llena lo iluminaba todo. Vi a un par de coches pasar por la calle con sus faros encendidos.
Tenía hambre, y las luces de emergencia del hotel estaban encendidas, de modo que no habría problema en bajar hasta el restaurante, aunque esta vez tenía que utilizar las escaleras; y de paso me enteraría de que había pasado.
El camino a la planta baja se me hizo eterno; pero finalmente llegue. En la recepción todavía no había nadie. Tras la barra del bar había un camarero que estaba descansando sobre la barra. Me acerqué hasta allí; y comprobé que el camarero no estaba descansando. Estaba pálido como la leche, y frío como la muerte. Como la misma muerte que lo había matado. Aquel camarero estaba muerto. Cogí el móvil, y traté de llamar a la policía, pero dentro de aquel hotel no había cobertura.
Me dirigí hacia la puerta para salir al exterior. Si fuera no conseguía avisar a la policía, conseguiría parar a algún coche para que me acercasen hasta la comisaría. Pero la puerta estaba cerrada. La puerta estaba cerrada desde dentro, ya que tenia puesto el candado manual además de varias vueltas de llave que sólo podían deshacerse con la llave. Quise volver al restaurante, pero la puerta del restaurante estaba cerrada. También estaba cerrada desde la entrada donde yo estaba… Pero un instante antes había estado abierta, alguien acaba de cerrarla en los 20 segundos en los que me acerqué a la puerta exterior…
En ese momento, las luces de emergencia acabaron su reserva de energía. La entrada del hotel se sumió en la más absoluta oscuridad, salvando los rayos de luna que entraban a través de los cristales de la puerta del hotel. Una luz de luna que daba un tono más tétrico a todo lo que rodeaba el hotel. Pude observar la puerta que llevaba a las escaleras… Me acerque a ella temblando de miedo… Estaba cerrada. No supe si cerrada desde dentro o desde fuera; ya que en esa puerta era imposible saberlo. Pero enseguida lo supe. Escuché un ruido proveniente de la puerta. Distinguí una silueta gracias a la luz de la luna… La silueta se acercó hacia mí con un arma blanca de considerable tamaño; y me rebanó el pescuezo. Comencé a ver la escena desde fuera de mí. No era la primera vez que me pasaba lo mismo. No era la primera vez que me veía atrapado en aquel extraño mundo con pequeños cubos con los que podías hablar, enormes aparatos que navegaban sin vela; pequeñas cajas que transportaba a la gente por caminos de piedra… Ahora necesitaba despertarme. Necesitaba volver al mundo real para escapar de aquel caballero negro; tenía que salir de mi pesadilla.
Y finalmente así fue. Me desperté; y me encontré con aquel hombre que había estado vigilando mi celda. Me restregó una extraña pasta verde por la cara; y comenzó a hacerme preguntas sobre el bando contrario al rey. Yo no quería hablar; pero no podía dejar de hablar. Al parecer, aquella sustancia me hacía decir todo lo que sabía aún sin quererlo. La boca me seguía sangrando; no había parado de sangrar desde que había recibido aquel golpe en el campo de batalla. Finalmente me desvanecí. No se lo que le conté a aquel hombre. Sólo se que aquello fue el final. NO fue necesario que me ejecutase; acababa de morirme. Todo se había terminado.
Mi alma lleva vagando desde entonces por el tiempo. Vi como atraparon a todos los que habían sido mis amigos; y como les daban muerte. Pero lo que más me ha inquietado, ha sido ver como tras tanto tiempo, aquello con lo que soñaba, aquel mundo que yo había visto, se había vuelto real. Vi incluso el hotel donde en todos mis sueños me había hospedado. Pero lo que había soñado nunca le sucedió a nadie. La niebla nunca tomó la ciudad. Y un día, muchos años después, el hotel fue derruido para construir un complejo hotelero mayor. Y en ese momento; mi alma abandonó la tierra, y pudo finalmente ver lo que hay tras la muerte. Una gran fabrica de estrípers y un volcán de cerveza. ¡Parece que los pastafaris tenían razón!
Todo parecía perdido. La batalla estaba en las últimas. Los cuerpos que cubrían el campo de batalla a penas se distinguían por aquella espesa niebla que todo lo cubría. Pero aún así, se podía notar quien iba ganando. Nuestro bando había sido aniquilado por las tropas del rey. Pero aún así, la rendición no era una opción. La traición cometida nos costaría la muerte, incluso aunque nos rindiésemos. Pero aquello ya no parecía importar. Uno de los caballeros de élite del rey se acercó a mí con la espada empuñada, galopando velozmente. Vi a través del yelmo la empuñadura de su arma acercarse hacia mi boca; parecía que a mi me quería de prisionero y no de cadáver putrefacto. Cuando el impacto parecía inminente, un fuerte ruido lo cubrió todo.
El ruido de la sirena me hizo volver a la realidad desde aquel mundo de sueños, de aquella horrible pesadilla. El barco acababa de llegar al puerto, y era la hora de desembarcar. Debían ser las doce de la noche si el barco había sido puntual; aunque no lo tenía nada claro puesto que mi reloj se había averiado en medio del océano. Salí por una de las rampas laterales del barco que abrieron para desembarcar, y la niebla lo cubría todo. Había una capa de niebla baja y muy espesa, a penas se veía nada a 2 palmos.
A pesar de la niebla, podía escuchar el murmullo de la gente que acaba de salir del barco. Había recorrido tantas veces aquel puerto que incluso a ciegas podría hacerlo. El murmullo del gentío cada vez se iba haciendo más bajo. Más bajo. De pronto el murmullo del gentío desapareció; y con el murmullo también desapareció la niebla. Ya no había nadie en todo el puerto; supuse que se habrían apresurado en irse a dormir, y pensé que lo mejor sería hacer lo mismo yo también.
Empecé a caminar hacia el hotel donde me alojaba siempre, que estaba a escasos metros del puerto de pasajeros. Las luces de la calle comenzaron a parpadear, y finalmente se apagaron. Pero sin embargo, la niebla que antes cubría la ciudad ya no estaba, y una intensa luna llena lo iluminaba todo. Entré al hotel, donde si que había luz, y me dirigí hacia la recepción. El recepcionista no estaba, pero yo ya había hecho la reserva de la habitación, de modo que me dirigí al aparato que había al lado de la recepción, similar al de los aparcamientos o los cines, para sacar las llaves de mi habitación. Introduje mi clave, y cogí mis llaves.
Llamé al ascensor; tenía que ir a la habitación 503 y en ese momento no tenía ganas de subir 5 plantas. El ascensor llegó, silencioso como siempre hasta la planta baja. Me subí en él y pulsé el botón adecuado. La luz del ascensor comenzó a parpadear mientras el ascensor subía hasta la planta quinta, y recordé que en la calle no había luz. Mas no hubo más problema que el parpadear; y pude salir del aparato en la quinta planta, a la que iba. Abrí la puerta de mi habitación, y entré en ella. Me preparé para dormir, me metí en la cama, y cerré los ojos.
La memoria fue caprichosa, y me hizo continuar el mismo sueño de antes. La boca me sabía a sangre, estaba encerrado en aquella celda de la cárcel medieval. A través de los barrotes de la celda, la niebla entraba, se me metía en los huesos, y mi armadura ya no estaba conmigo. El guardia me miró y me dijo: Bueno, es la hora. Si nos cuentas lo que queremos saber, serás ejecutado con rapidez y con honor. Si guardas silencio, te sacaremos las palabras y pasarás el resto de la eternidad vida encerrado en las celdas subterráneas; y nos ocuparemos de que todo el país sepa que tu y el nombre de tu familia está manchado por la traición y el deshonor.
Las celdas subterráneas eran un lugar terrorífico. Los presos se encerraban allí de por vida, no podían salir. Era un castigo peor que la pena de muerte. El anterior rey, en su brutal crueldad, había inventado una estructura de rejas de 4 pisos, de pequeños cubículos, apiladas. No había espacio para tumbarse, ni para estar de pie, sólo se podía estar sentado o tumbado en posición fetal. La comida se arrojaba en las celdas superiores, e iba escurriéndose entre las rejas hasta llegar a las inferiores. A los de abajo a penas les llegaba la comida, y su celda no tenia reja por debajo, y se llenaba de sus propios excrementos y de todos los que estaban en las celdas superiores. Allí era donde encerraban a los infieles, a los falsos conversos, y tambien a los peores traidores; considerando que la muerte es un premio para estos.
El guardia me golpeó en la cabeza a través de los barrotes. Y el teléfono móvil comenzó sonar. Eran las 4 de la madrugada; y toda la cama estaba sudada, las sábanas revueltas y la cama completamente deshecha. Al parecer la pesadilla me estaba haciendo revolverme en la cama. Cogí el móvil, y una voz me preguntó por Marcos. Yo me iba a cagar en la puta madre de quien había llamado; pero me limité a, con una voz somnolienta, decir: “Lo siento, se ha equivocado. Por aquí no hay ningún Marcos”… Colgué el teléfono, y respiré aliviado tras haberme despertado y tras comprobar que seguía habiendo humanos, ya que no había visto a nadie desde que me había bajado del barco.
Intenté dormir de nuevo; pero no me atrevía; no quería volver a aquella pesadilla. Tenía hambre, de modo que me dispuse a llamar al servicio de habitaciones para que me trajesen algo para comer. Cogí el teléfono, y no había señal. Traté de encender la luz de la mesilla, y comprobé que tampoco había luz. Me asomé a la ventana; y vi que no había luz en la calle, aunque la potente luna llena lo iluminaba todo. Vi a un par de coches pasar por la calle con sus faros encendidos.
Tenía hambre, y las luces de emergencia del hotel estaban encendidas, de modo que no habría problema en bajar hasta el restaurante, aunque esta vez tenía que utilizar las escaleras; y de paso me enteraría de que había pasado.
El camino a la planta baja se me hizo eterno; pero finalmente llegue. En la recepción todavía no había nadie. Tras la barra del bar había un camarero que estaba descansando sobre la barra. Me acerqué hasta allí; y comprobé que el camarero no estaba descansando. Estaba pálido como la leche, y frío como la muerte. Como la misma muerte que lo había matado. Aquel camarero estaba muerto. Cogí el móvil, y traté de llamar a la policía, pero dentro de aquel hotel no había cobertura.
Me dirigí hacia la puerta para salir al exterior. Si fuera no conseguía avisar a la policía, conseguiría parar a algún coche para que me acercasen hasta la comisaría. Pero la puerta estaba cerrada. La puerta estaba cerrada desde dentro, ya que tenia puesto el candado manual además de varias vueltas de llave que sólo podían deshacerse con la llave. Quise volver al restaurante, pero la puerta del restaurante estaba cerrada. También estaba cerrada desde la entrada donde yo estaba… Pero un instante antes había estado abierta, alguien acaba de cerrarla en los 20 segundos en los que me acerqué a la puerta exterior…
En ese momento, las luces de emergencia acabaron su reserva de energía. La entrada del hotel se sumió en la más absoluta oscuridad, salvando los rayos de luna que entraban a través de los cristales de la puerta del hotel. Una luz de luna que daba un tono más tétrico a todo lo que rodeaba el hotel. Pude observar la puerta que llevaba a las escaleras… Me acerque a ella temblando de miedo… Estaba cerrada. No supe si cerrada desde dentro o desde fuera; ya que en esa puerta era imposible saberlo. Pero enseguida lo supe. Escuché un ruido proveniente de la puerta. Distinguí una silueta gracias a la luz de la luna… La silueta se acercó hacia mí con un arma blanca de considerable tamaño; y me rebanó el pescuezo. Comencé a ver la escena desde fuera de mí. No era la primera vez que me pasaba lo mismo. No era la primera vez que me veía atrapado en aquel extraño mundo con pequeños cubos con los que podías hablar, enormes aparatos que navegaban sin vela; pequeñas cajas que transportaba a la gente por caminos de piedra… Ahora necesitaba despertarme. Necesitaba volver al mundo real para escapar de aquel caballero negro; tenía que salir de mi pesadilla.
Y finalmente así fue. Me desperté; y me encontré con aquel hombre que había estado vigilando mi celda. Me restregó una extraña pasta verde por la cara; y comenzó a hacerme preguntas sobre el bando contrario al rey. Yo no quería hablar; pero no podía dejar de hablar. Al parecer, aquella sustancia me hacía decir todo lo que sabía aún sin quererlo. La boca me seguía sangrando; no había parado de sangrar desde que había recibido aquel golpe en el campo de batalla. Finalmente me desvanecí. No se lo que le conté a aquel hombre. Sólo se que aquello fue el final. NO fue necesario que me ejecutase; acababa de morirme. Todo se había terminado.
Mi alma lleva vagando desde entonces por el tiempo. Vi como atraparon a todos los que habían sido mis amigos; y como les daban muerte. Pero lo que más me ha inquietado, ha sido ver como tras tanto tiempo, aquello con lo que soñaba, aquel mundo que yo había visto, se había vuelto real. Vi incluso el hotel donde en todos mis sueños me había hospedado. Pero lo que había soñado nunca le sucedió a nadie. La niebla nunca tomó la ciudad. Y un día, muchos años después, el hotel fue derruido para construir un complejo hotelero mayor. Y en ese momento; mi alma abandonó la tierra, y pudo finalmente ver lo que hay tras la muerte. Una gran fabrica de estrípers y un volcán de cerveza. ¡Parece que los pastafaris tenían razón!
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