29/04/06 Muerte en la tormenta - Capítulo 4
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Hacía 12 horas desde que las alarmas habían dejado de sonar. Al parecer habían desistido de buscar a Marcos, ya daban por hecho que se había fugado. Al parecer, las cámaras no grababan a Marcos rajándole la garganta con un cuchillo en forma de media luna al jefe de la prisión.
En la cafetería, a varios km de la prisión, Marcos tomaba un desayuno. Le había vuelto el hambre, e incluso el color había vuelto a su cara, que ya no estaba pálida como lo había estado desde que le habían arrestado tras la muerte de Ramón. Marcos recordaba que Ramón siempre había aspirado a ser algo grande, siempre había tenido aspiraciones de llegar incluso a presidente del mundo… Pero todas esas aspiraciones habían sido frustradas por un arma de fuego que Marcos nunca antes había visto. A pesar de estar comprada a su nombre.
De pronto, las sirenas de policías retumbaron por todas partes. Un megáfono le pidió su rendición, que saliera con las manos en alto, y que tirara el arma. Que tirara esa hoz con cuchilla en forma de media luna, todavía ensangrentada, que tenía en la mano. Pero esta vez Marcos no iba a volver a dejarse arrestar. NO sabía que era lo que había hecho, o lo que se suponía que había hecho, pero sintió la misma extraña sensación que cuando le apareció la pistola en la mano tras el asesinato de Ramón.
La única camarera que estaba en el bar, se agachó bajo la barra. Marcos entro en el almacén del bar, que estaba en un sótano. Y vio en el suelo de dicho almacén, una enorme alcantarilla. Una alcantarilla que estaba destapada. Marcos entró en ella, y enseguida dedujo que estaba en la red de alcantarillado de la ciudad, a pesar de que aquel bar en el que se había parado estaba considerablemente apartado.
Una lancha con el motor encendido se encontraba flotando en el Río Fecal, de modo que Marcos se subió a ella y siguió por el único camino posible. En medio del camino se acabó la gasolina a la lancha, en otra extraña coincidencia más, justo junto a unas escaleras que habrían pasado inadvertidas de no ser por la gasolina.
Marcos subió por las escaleras, y abrió la tapa. No se había levantado en medio de la ciudad, estaba en otro sótano. Pudo ver lo que parecía ser una herramienta, como una llave de alcantarilla antigua, pero la parte con la que se debía hacer palanca, parecía inusualmente afilada. Una voz muy familiar le pidió que bajase y destrozase la lancha con el para que se fuera en el Río Fecal y no pudieran seguirle. Marcos bajó y perforó la lancha. Volvió a subir, y se topó de bruces con la ultima persona que esperaba encontrarse. Se topó con… ¿consigo mismo?
Hacía 12 horas desde que las alarmas habían dejado de sonar. Al parecer habían desistido de buscar a Marcos, ya daban por hecho que se había fugado. Al parecer, las cámaras no grababan a Marcos rajándole la garganta con un cuchillo en forma de media luna al jefe de la prisión.
En la cafetería, a varios km de la prisión, Marcos tomaba un desayuno. Le había vuelto el hambre, e incluso el color había vuelto a su cara, que ya no estaba pálida como lo había estado desde que le habían arrestado tras la muerte de Ramón. Marcos recordaba que Ramón siempre había aspirado a ser algo grande, siempre había tenido aspiraciones de llegar incluso a presidente del mundo… Pero todas esas aspiraciones habían sido frustradas por un arma de fuego que Marcos nunca antes había visto. A pesar de estar comprada a su nombre.
De pronto, las sirenas de policías retumbaron por todas partes. Un megáfono le pidió su rendición, que saliera con las manos en alto, y que tirara el arma. Que tirara esa hoz con cuchilla en forma de media luna, todavía ensangrentada, que tenía en la mano. Pero esta vez Marcos no iba a volver a dejarse arrestar. NO sabía que era lo que había hecho, o lo que se suponía que había hecho, pero sintió la misma extraña sensación que cuando le apareció la pistola en la mano tras el asesinato de Ramón.
La única camarera que estaba en el bar, se agachó bajo la barra. Marcos entro en el almacén del bar, que estaba en un sótano. Y vio en el suelo de dicho almacén, una enorme alcantarilla. Una alcantarilla que estaba destapada. Marcos entró en ella, y enseguida dedujo que estaba en la red de alcantarillado de la ciudad, a pesar de que aquel bar en el que se había parado estaba considerablemente apartado.
Una lancha con el motor encendido se encontraba flotando en el Río Fecal, de modo que Marcos se subió a ella y siguió por el único camino posible. En medio del camino se acabó la gasolina a la lancha, en otra extraña coincidencia más, justo junto a unas escaleras que habrían pasado inadvertidas de no ser por la gasolina.
Marcos subió por las escaleras, y abrió la tapa. No se había levantado en medio de la ciudad, estaba en otro sótano. Pudo ver lo que parecía ser una herramienta, como una llave de alcantarilla antigua, pero la parte con la que se debía hacer palanca, parecía inusualmente afilada. Una voz muy familiar le pidió que bajase y destrozase la lancha con el para que se fuera en el Río Fecal y no pudieran seguirle. Marcos bajó y perforó la lancha. Volvió a subir, y se topó de bruces con la ultima persona que esperaba encontrarse. Se topó con… ¿consigo mismo?
29/04/06 AMS
Actualización Mínima Semanal... Era necesaria... Era necesaria... Se que no lo cumplo, pero necesito alargar plazo para tener una proxima AMS digna de un blog de categoría. Postear por postear NO es tontería, es una confirmación de que sigo vivo, con dos cojones.
Una vez, hace mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho tiempo, Fraga iba a celebrar su 120 aniversario a casa de sus amigos, en Atapuerca, cuando de pronto se dió cuenta de que la vida en la tierra aún o había tenido lugar, de modo que Rixtekurdin, en su infinito poder y sabiduria otorgado por ser el Dios Creador de Fraga, decidió suicidarse arrepentdo por no haber creado galletas de chocolate blanco, y se pegó un tiro, pero como era inmortal, hizo las maletas y se fué a vivir lo más lejos posible de la tierra. Una vez instalado en Madrid, Pepe, su vecino de abajo, en vista de que el año 2000 había llegado antes de lo previsto, decidió coger el coche e ir a hacer su viaje habitual alrededor de la circunferencia terrestre, cuando un orangutan peludo dijo que ese no era modo de tratar a los amigos, le roció con gasolina y le prendió tanto fuego que se le vió desde la nave espacial donde ExtraTerrestra y ExtraTerrestro tenian una de sus tipicas discusiones de pareja desde que habían dejado su piso de solteros en Villa Marchosa 2982, ciudad ficticia creada en ninguna parte para uno de los posts con menos sentido de todo el weblog de CartDestr en todas sus ediciones.
Amorosamente,
Vuestro CartDestr favorito.
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