2/11/05 Gonzalo el sicario
Gonzalo estaba alegre en el reino de los sicarios felices. De pronto recibió una urgente llamada en su zapatofono: “Deja de pisarme, cabrón”, decía ella. Y es que es zapatofono no era tal, si no la boca de un científico que seguía vivo y que estaba atada a su cuerpo. El científico trabajaba en la universidad de Masachusadridoxford, y le pidió que eliminase a un tal Juan que saldría con una llave de una caja que había en la estación de trenes. Esa caja no debería ser abierta por que de serlo toda la humanidad morirá horriblemente, si esa caja seguía cerrada, nadie moriría horriblemente por que nadie abriría la caja y la caja al no ser abierta no mataría a toda la humanidad horriblemente al permanecer cerrada, lo cual evitaría la muerte de la totalidad de los seres humanos al dejar de vivir la mayoría de estos por cosas generadas de la apertura de la caja que en el caso de ser abierta generaría miles de millones de muertes por no permanecer cerrada.
El caso es que esa caja estaba programada por error para tintar el cielo de color verde, y tras ello, el cielo echaría piedras de color verde sobre la tierra que casi sin duda acabarían con todos los seres humanos. Y eso no le interesaba a nadie, ya que el dejar de vivir no es un buen plan para un viernes por la mañana. De hecho es un mal plan para casi cualquier hora del día. Excepto, claro, un domingo por la tarde, donde se transforma en el mejor plan de la historia, el morirse así por que sí simplemente por que es un buen momento para hacerlo.
Se que esta historia esta perdiendo sentido, tanto sentido del humor como sentido de la lógica, pero lo lamento, en este momento mis idas de olla están demasiado potenciadas por la idadeollitis, una sustancia activa principalmente hayable en las coca colas de Marte, una bebida extraña que no ha sido descubierta por la humanidad activa.
A lo que íbamos. Gonzalo tenia que matar a un tal Juan, ya que Juan se había olvidado el móvil y no había tiempo para avisarle de que no abriera la caja, era más practico matarle de manera horrible, o al menos le daría más sentido a la historia de Juan ya contada, ya que se me ha dado por transformar la ida de olla de una noche de insomnio en un nuevo hilo argumental, comenzando en el final en el que muere toda la humanidad menos dos personas, y terminando por varios capítulos contando la historia de por que el cielo llego a estar verde, ya que este capitulo al menos va a dejar la sensación de que el cielo no debería haber llegado a tintarse de ninguna manera.
Gonzalo salió corriendo del laboratorio de la universidad, con tal mala suerte de que se tropezó con un eunuco que estaba durmiendo la mona en la puerta del aula de música, el cual tras el tropezón emitió un ensordecedor grito que dejó a Gonzalo sordo del lado derecho del cuerpo. Siguió caminando, cada vez más deprisa, y salió de la universidad. Con sus poderosos pies atropelló a 5 coches, 2 camiones y un gato que se dejaba ver por allí los lunes soleados, y ese día que no era lunes ni tampoco soleado. De hecho llovía y tronaba de mala manera, pero Gonzalo adoraba las tormentas de una manera quasiorgasmica, pero eso no viene al cuento.
Gonzalo seguía corriendo hacia la casa de su objetivo, y vio que vivía en un noveno con ascensor. Entró por la sala de maquinas y se puso sobre el ascensor, y comenzó a pasear en círculos y viendo como los números de la pared que había en cada puerta eran cada vez más bajos… y pronto se coscó de que el ascensor estaba bajando. Sacó sus tenazas de cortar cables de ascensores llenos de gente, se agarró a la cuerda con firmeza, y cortó justo por debajo de a donde se agarraba con ambas manos (¿como lo cortó? Ahhh, se siente), y vio al ascensor caer. Con la satisfacción del deber cumplido, salió por el agujero del ascensor y se marchó frotándose las manos, se subió a su Peugeot 205 verde chillón, y se fue al otorrino a arreglarse el oído derecho destrozado por aquel eunuco al que había pisado en los huevos que no tenia.
De camino al otorrino comenzó a pensar que había cometido el corte en el bajo, de modo que su victima probablemente no habría muerto, y se dirigía a la estación a gran velocidad con ganas de meter la llave en la cerradura y girar la mano hasta que se abriera, y así sacar el invento que cambiaria los colores.
Gonzalo vio a un mono conduciendo un Ferrari Testarrona (que no Testarrosa) y le dio un plátano. El mono se lo comió, le dijo:
-“Señor, agradezco sinceramente su aportación vitamínica en forma de plátano, ya que a un simio como yo le congratulan este tipo de acciones de parte de otro primate superior como usted.”
El mono siguió conduciendo feliz por la calle, hasta que se dio cuenta de que era un mono y los monos no conducen coches, de modo que empezó a gritar a lo loco y atropelló a un desgraciado humano que llevaba una llave con el número 302 inscrito. Dio marcha atrás para ver si el humano estaba bien, con tan mala suerte de que le pasó de nuevo por encima así que esta vez fijo que no estaba bien.
El mono le dijo a un policía que observa atento el atropello con un bol de palomitas rancias que se había perdido, que le devolviese al Zoológico de Experimentación Secreta con Animales (ZESA). El policía, al igual que el resto de los mortales, sabía perfectamente donde estaba el laboratorio secreto, pero quedaba más cerca la fábrica de cazadoras, así que vendió al primate a la fábrica y se llevó a cambio una bonita chaqueta de piel de mono.
El caso es que esa caja estaba programada por error para tintar el cielo de color verde, y tras ello, el cielo echaría piedras de color verde sobre la tierra que casi sin duda acabarían con todos los seres humanos. Y eso no le interesaba a nadie, ya que el dejar de vivir no es un buen plan para un viernes por la mañana. De hecho es un mal plan para casi cualquier hora del día. Excepto, claro, un domingo por la tarde, donde se transforma en el mejor plan de la historia, el morirse así por que sí simplemente por que es un buen momento para hacerlo.
Se que esta historia esta perdiendo sentido, tanto sentido del humor como sentido de la lógica, pero lo lamento, en este momento mis idas de olla están demasiado potenciadas por la idadeollitis, una sustancia activa principalmente hayable en las coca colas de Marte, una bebida extraña que no ha sido descubierta por la humanidad activa.
A lo que íbamos. Gonzalo tenia que matar a un tal Juan, ya que Juan se había olvidado el móvil y no había tiempo para avisarle de que no abriera la caja, era más practico matarle de manera horrible, o al menos le daría más sentido a la historia de Juan ya contada, ya que se me ha dado por transformar la ida de olla de una noche de insomnio en un nuevo hilo argumental, comenzando en el final en el que muere toda la humanidad menos dos personas, y terminando por varios capítulos contando la historia de por que el cielo llego a estar verde, ya que este capitulo al menos va a dejar la sensación de que el cielo no debería haber llegado a tintarse de ninguna manera.
Gonzalo salió corriendo del laboratorio de la universidad, con tal mala suerte de que se tropezó con un eunuco que estaba durmiendo la mona en la puerta del aula de música, el cual tras el tropezón emitió un ensordecedor grito que dejó a Gonzalo sordo del lado derecho del cuerpo. Siguió caminando, cada vez más deprisa, y salió de la universidad. Con sus poderosos pies atropelló a 5 coches, 2 camiones y un gato que se dejaba ver por allí los lunes soleados, y ese día que no era lunes ni tampoco soleado. De hecho llovía y tronaba de mala manera, pero Gonzalo adoraba las tormentas de una manera quasiorgasmica, pero eso no viene al cuento.
Gonzalo seguía corriendo hacia la casa de su objetivo, y vio que vivía en un noveno con ascensor. Entró por la sala de maquinas y se puso sobre el ascensor, y comenzó a pasear en círculos y viendo como los números de la pared que había en cada puerta eran cada vez más bajos… y pronto se coscó de que el ascensor estaba bajando. Sacó sus tenazas de cortar cables de ascensores llenos de gente, se agarró a la cuerda con firmeza, y cortó justo por debajo de a donde se agarraba con ambas manos (¿como lo cortó? Ahhh, se siente), y vio al ascensor caer. Con la satisfacción del deber cumplido, salió por el agujero del ascensor y se marchó frotándose las manos, se subió a su Peugeot 205 verde chillón, y se fue al otorrino a arreglarse el oído derecho destrozado por aquel eunuco al que había pisado en los huevos que no tenia.
De camino al otorrino comenzó a pensar que había cometido el corte en el bajo, de modo que su victima probablemente no habría muerto, y se dirigía a la estación a gran velocidad con ganas de meter la llave en la cerradura y girar la mano hasta que se abriera, y así sacar el invento que cambiaria los colores.
Gonzalo vio a un mono conduciendo un Ferrari Testarrona (que no Testarrosa) y le dio un plátano. El mono se lo comió, le dijo:
-“Señor, agradezco sinceramente su aportación vitamínica en forma de plátano, ya que a un simio como yo le congratulan este tipo de acciones de parte de otro primate superior como usted.”
El mono siguió conduciendo feliz por la calle, hasta que se dio cuenta de que era un mono y los monos no conducen coches, de modo que empezó a gritar a lo loco y atropelló a un desgraciado humano que llevaba una llave con el número 302 inscrito. Dio marcha atrás para ver si el humano estaba bien, con tan mala suerte de que le pasó de nuevo por encima así que esta vez fijo que no estaba bien.
El mono le dijo a un policía que observa atento el atropello con un bol de palomitas rancias que se había perdido, que le devolviese al Zoológico de Experimentación Secreta con Animales (ZESA). El policía, al igual que el resto de los mortales, sabía perfectamente donde estaba el laboratorio secreto, pero quedaba más cerca la fábrica de cazadoras, así que vendió al primate a la fábrica y se llevó a cambio una bonita chaqueta de piel de mono.
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