31/10/05 Juan: Carrera a la estación
Era por la tarde. A través de la ventana no paraba de llover. A pesara de no pasar de las 17.00, la espesa capa de nubes negras que cubría el cielo, recordaban más a la más plena noche, iluminándose solo con los rayos que no cesaban de caer.
Salir a la calle no era algo que apeteciese a nadie, pero era algo que había que hacer. Juan lo sabía. Debía superar su miedo a las tormentas e ir corriendo calle abajo, bajo la cada vez más intensa lluvia, hasta llegar a la estación de tren. En la estación de tren debía coger un paquete que estaba dentro de la taquilla número 302, y debía cogerlo antes de que el reloj marcase las 18.00 de la tarde. Tenia la llave de la taquilla en su mano, y se dispuso a bajar para ir a por el paquete, de modo que tomo el ascensor, cuando en medio del descenso, un rayo frió la subestación que abastecía a su vivienda y se quedó encerrado en un ascensor oscuro cuya luz de emergencia nunca había funcionado.
Trato de palpar la pared en busca del botón de emergencia, cuando de pronto escuchó unos pasos y un crujido sobre su cabeza. Alguien andaba sobre el ascensor. Alguien con unas tenazas muy gordas y el objetivo de conseguir que la taquilla numero 302 permaneciese cerrada. Un sonido de herramienta oxidada abriéndose sonó sobre su cabeza. Y justo después escuchó como la misma herramienta oxidada se cerraba, cortando algo. Y entonces todo terminó para Juan.
O así debería haber sido, de no ser por que el ascensor se había parado en el bajo y solo se hundió 2 palmos. Juan, se dio cuenta de que había sido torpe, y salió del ascensor. Escuchó como el que presuntamente había cortado el cable del ascensor profería una palabrota de grado 5, que no puedo reproducir aquí por que la censura sufriría un infarto al leer el texto, se quedaría en casa del censurador hasta que un vecino descubriera el cadáver del mismo 4 semanas después por el putrefacto olor, y el folio con el texto original ya estaría carcomido por los mismos gusanos que estaban acabando con la vida del encargado de la censura, y como eso no interesa, pues no represento las palabrotas y todo arreglado.
En este momento, querido lector, habrá apreciado que lo que parecía una historia al estilo de la de Maria, una historia seria y construida, era en realidad un historia absurda y desquiciada como la del cielo verde, de modo que si no le gustan ese tipo de historias absurdas y desquiciadas no siga leyendo. Pero no diga que no le he avisado cuando le atropelle un camión de media docena de ejes.
Juan corría calle abajo, empapándose cara a la estación de trenes. La llave seguía estando fuertemente agarrada por su mano, y no parecía que nada fuera a impedir una segura apertura de la taquilla, la taquilla que contenía ese paquete que podría hacer tanto bien o tanto mal. Y quedaba muy poco tiempo para abrirlo, solo quedaban 58 minutos, y teniendo en cuenta que la estación estaba a 100 metros, seguro que iba a pasar algo para que, al menos si esto fuera una peli, no se abriese hasta que quedase un segundo y el publico respirase aliviado en sus asientos al saber que el héroe había llegado a tiempo a su destino, y no tarde, y por supuesto, válgame dios, tampoco había llegado 40 minutos antes de tiempo. Incluso cuando el héroe llega con 24 horas de adelanto, se pasea por Londres lamentando haber perdido hasta que se da cuenta de que tiene el reloj un día adelantado y llega en los últimos segundos.
Pero a lo que íbamos. Juan iba corriendo tan feliz cuando de pronto un Ferrari Testarrona rojo le arroya y hace que salga volando varios metros, para finalmente aterrizar de cabeza contra el frío asfalto y acabar convertido en un cadáver más en las calles de la ciudad. Su mano se abrió y la llave se calló de la misma. Juan ya no podría abrir esa taquilla.
Mientras el cuerpo de Juan volaba, toda su vida pasó por delante de sus ojos. Y recordando estas ultimas semanas, se pudo ver como era un científico feliz en la universidad de Masachusdridoxford, su ciudad. Habían desarrollado un compuesto químico capaz de cambiar la coloración de absolutamente cualquier cosa, pero después provocarían que esa cosa se desconfigurase y empezase a arrojar violentas partículas de color del tamaño de melones modificados genéticamente para tener el tamaño de manzanas modificadas genéticamente para tener el tamaño de balones de fútbol de la liga 2008.2009.
Y recordó que lo iban a usar para recolorear el ozono de su color, pero el científico que lo creó quería darle un toque de verde al mundo, pero se equivoco y lo preparó para poner el cielo verde, y abría que pararlo antes de llegada la hora. Con Juan muerto, el cielo se colorearía de verde. Pero total, que el cielo se pusiera verde no podría traer nada malo
¿Verdad?
Salir a la calle no era algo que apeteciese a nadie, pero era algo que había que hacer. Juan lo sabía. Debía superar su miedo a las tormentas e ir corriendo calle abajo, bajo la cada vez más intensa lluvia, hasta llegar a la estación de tren. En la estación de tren debía coger un paquete que estaba dentro de la taquilla número 302, y debía cogerlo antes de que el reloj marcase las 18.00 de la tarde. Tenia la llave de la taquilla en su mano, y se dispuso a bajar para ir a por el paquete, de modo que tomo el ascensor, cuando en medio del descenso, un rayo frió la subestación que abastecía a su vivienda y se quedó encerrado en un ascensor oscuro cuya luz de emergencia nunca había funcionado.
Trato de palpar la pared en busca del botón de emergencia, cuando de pronto escuchó unos pasos y un crujido sobre su cabeza. Alguien andaba sobre el ascensor. Alguien con unas tenazas muy gordas y el objetivo de conseguir que la taquilla numero 302 permaneciese cerrada. Un sonido de herramienta oxidada abriéndose sonó sobre su cabeza. Y justo después escuchó como la misma herramienta oxidada se cerraba, cortando algo. Y entonces todo terminó para Juan.
O así debería haber sido, de no ser por que el ascensor se había parado en el bajo y solo se hundió 2 palmos. Juan, se dio cuenta de que había sido torpe, y salió del ascensor. Escuchó como el que presuntamente había cortado el cable del ascensor profería una palabrota de grado 5, que no puedo reproducir aquí por que la censura sufriría un infarto al leer el texto, se quedaría en casa del censurador hasta que un vecino descubriera el cadáver del mismo 4 semanas después por el putrefacto olor, y el folio con el texto original ya estaría carcomido por los mismos gusanos que estaban acabando con la vida del encargado de la censura, y como eso no interesa, pues no represento las palabrotas y todo arreglado.
En este momento, querido lector, habrá apreciado que lo que parecía una historia al estilo de la de Maria, una historia seria y construida, era en realidad un historia absurda y desquiciada como la del cielo verde, de modo que si no le gustan ese tipo de historias absurdas y desquiciadas no siga leyendo. Pero no diga que no le he avisado cuando le atropelle un camión de media docena de ejes.
Juan corría calle abajo, empapándose cara a la estación de trenes. La llave seguía estando fuertemente agarrada por su mano, y no parecía que nada fuera a impedir una segura apertura de la taquilla, la taquilla que contenía ese paquete que podría hacer tanto bien o tanto mal. Y quedaba muy poco tiempo para abrirlo, solo quedaban 58 minutos, y teniendo en cuenta que la estación estaba a 100 metros, seguro que iba a pasar algo para que, al menos si esto fuera una peli, no se abriese hasta que quedase un segundo y el publico respirase aliviado en sus asientos al saber que el héroe había llegado a tiempo a su destino, y no tarde, y por supuesto, válgame dios, tampoco había llegado 40 minutos antes de tiempo. Incluso cuando el héroe llega con 24 horas de adelanto, se pasea por Londres lamentando haber perdido hasta que se da cuenta de que tiene el reloj un día adelantado y llega en los últimos segundos.
Pero a lo que íbamos. Juan iba corriendo tan feliz cuando de pronto un Ferrari Testarrona rojo le arroya y hace que salga volando varios metros, para finalmente aterrizar de cabeza contra el frío asfalto y acabar convertido en un cadáver más en las calles de la ciudad. Su mano se abrió y la llave se calló de la misma. Juan ya no podría abrir esa taquilla.
Mientras el cuerpo de Juan volaba, toda su vida pasó por delante de sus ojos. Y recordando estas ultimas semanas, se pudo ver como era un científico feliz en la universidad de Masachusdridoxford, su ciudad. Habían desarrollado un compuesto químico capaz de cambiar la coloración de absolutamente cualquier cosa, pero después provocarían que esa cosa se desconfigurase y empezase a arrojar violentas partículas de color del tamaño de melones modificados genéticamente para tener el tamaño de manzanas modificadas genéticamente para tener el tamaño de balones de fútbol de la liga 2008.2009.
Y recordó que lo iban a usar para recolorear el ozono de su color, pero el científico que lo creó quería darle un toque de verde al mundo, pero se equivoco y lo preparó para poner el cielo verde, y abría que pararlo antes de llegada la hora. Con Juan muerto, el cielo se colorearía de verde. Pero total, que el cielo se pusiera verde no podría traer nada malo
¿Verdad?
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Comentarios
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#2 - termópilas 31.10.2005 08:52 - (Responder)
¿Y qué tiene en comun con lo que llevamos tiempo esperando? ¿Era el tal Juan un antepasado de María?
#2.1 - CartDestr dice:
31.10.2005 10:52 - (Responder)
Termo, al fin se descubre el motivo del cielo verde, te parece poco ![]()
#3 - Divina Comedia 31.10.2005 09:30 - (Responder)
Joer macho, a ti se te va mucho la olla.
Habrá que empezar a recopilar tus textos, por si un futuro Freud, puede utilizarlos en sus prácticas forenses.




